Alpes 2013: travesía de Pointe Cézanne – Pic du Glacier d’Arsine

En la cima este de la Pointe de Cézanne. Al fondo se vé la Barre des Ecrins

En la cima este de la Pointe de Cézanne. Al fondo se vé la Barre des Ecrins

El miércoles 25 con Eric, por recomendación de Alex, encaramos el bonito sendero que sube al refugio del glaciar Blanc, desde el Pré de Madame Carle, para ascender a la Pointe Cézanne (3365m) el jueves.

Otra vez decidí subir con zapatillas y llevar las botas en la mochi. La decisión probó ser un poco peor, porque había aún más nieve. Pero aguantamos sin calzar botas. Otra vez, agradecido.

El pronóstico del tiempo era poco claro. Era posible que el jueves por la tarde la cosa empeorara, había sospechas de que vendrían nubes desde el este, desde Italia.

Llegamos al refugio con mucho tiempo, cómodos. Claramente ya estaba aclimatado y no volví a sufrir la altura.

El refugio del Gacier Blanc es enorme. Tiene lugar para 130 personas, así que trabajan allí como entre 4 y 5 personas. Entre ellas el refugiero, que me pareció reconocer. Después Alex y Eric dijeron que hace un par de años estaba de refugiero en Pelvoux, y me acordé que fue el que nos dijo, en medio de una tormenta, que durmiéramos adentro, en la cocinita, en lugar de hacer bivac y ni nos cobró. Un fenómeno.

Entre los que trabajaban ahí estaba su hermana. Cuando le contamos los planes dijo: “ah, si hacen Pointe Cezánne, a las 10am están de regreso acá”. Y nos recomendó la vía que había hecho ella la semana anterior: hacer Pointe Cezánne por el oeste de la Pyramide (cosa que teníamos planeada) pero luego seguir por la carena y el collado que une esa cumbre con el Pic du Glacier d’Arsine (PD, III).

Eric a lo lejos, en la cima oeste de la Pointe Cézanne

Eric a lo lejos, en la cima oeste de la Pointe Cézanne

Le pedimos que nos levante a las 4am (ella sugirió a las 5, yo prefería un poco antes, porque los lugareños siempre van más rápido de lo que uno se imagina). Nos dijo que el pronóstico del tiempo era bueno, tanto para el jueves como para el viernes.

Cenamos aún más que en el refugio de Pelvoux unos días antes. Es más, dijimos que no cuando nos ofrecieron repetir. Como todavía había luz decidimos hacer los primeros 200 o 300 metros de la vía, para saber por dónde arrancaba y no perdernos al inicio en la madrugada. De camino nos cruzamos cara a cara con dos marmotas (el animal, no dos peregiles) que imagino buscaban comida por ahí.

Encontramos un par de puntos de referencia y volvimos a dormir. Esta vez sí se dió la lógica, y a diferencia de lo que había pasado en el refugio de Pelvoux, no dormí bien. Pero bueno, es lo que toca.

Nos levantaron a las 4am para desayunar, comimos lo que nos entró y a las 5am ya estábamos en movimiento. La vía fue un placer. Primero se accede a un campo de nieve, que se va cerrando y empinando a medida que uno se acerca a la zona de la Pyramide (glaciar de la Pyramide), hasta que se convierte en una serie de couloirs.

Nosotros subimos por uno de ellos, de unos 35 a 45°, que tras no mucho más de 100m desemboca en una carena de roca mala y suelta, pero de un ancho razonable, por la que pisando con cuidado con los crampones llegamos a la cima este de la Pointe Cézanne, y luego cruzamos unos 20 o 30m a la oeste, con una vista privilegiada de la Barre des Écrins hacia el suroeste (una cima que me queda pendiente, después de haber hecho su subsidiaria, el Dome Niege hace un par de años).

Desde allí seguimos por una carena que pasaba de roca buena a mala a nieve, bajaba un poco a un collado, y volvía a subir, para permitirnos alcanzar la segunda cumbre: el Pic du Glacier d’Arsine (3364m, apenas uno menos que la anterior).

Una vista del glaciar Blanc, con la Barre al fondo

Una vista del glaciar Blanc, con la Barre al fondo

En esa cumbre nos detuvimos para comer algo, mientras un pajarito negro, de pico amarillo y patas rojas, volaba alrededor nuestro, se paraba, nos miraba, se acercaba. En síntesis, pedía comida. Pero ya bastante hambre teníamos nosotros y no contábamos con alas como él, para ir por ahí a autoabastecerse.

Después del descanso, arrancamos el inicio. Recién ahí, en una pendiente un poco más marcada, nos encordamos. Y seguimos encordados porque tocaba un tramo sobre el glaciar Blanc, que tiene algunas grietas. Habremos cruzado unas cinco, nomás, pero eran súper claras y facilísimas de salvar.

En el refugio hicimos un descanso, volvimos a pedir la tarta de frambuesa que habíamos comido la tarde anterior y esta vez estaba aún más rica. Tomamos un té y empezamos a bajar. Esta vez no quise volver a sufrir la nieve, así que fui en botas de montaña hasta el Pré de Madame Carle.

Allí con Eric decidimos que nos sentíamos en suficiente buena forma como para volver caminando al camping por un sendero que va paralelo, a veces a bastante distancia, de la pequeña carretera que une el Pré y Ailefroide.

Un gran retrato de Eric

Un gran retrato de Eric

Fue una gran decisión. El sendero es preciosísimo. Cruza cascadas, sigue un río rabioso, atravieza campos de boulders inmensos, prados, bosque. Un lujo. Un cartel al inicio de la caminata decía que serían 2.30h de marcha. Pensamos que era mucho, porque por mapa eran unos 5 o 6km. Igual avanzamos. Más adelante, pero no mucho, otro cartel decía que el recorrido era de 50 minutos. Aún un poco más adelante, a unos 10 minutos del anterior cartel, ¡una nueva señal aseguraba que el tramo era de 1h30!

Algo falló ahí en la burocracia del parque, evidentemente. Otra cosa que falló fue el pronóstico del tiempo. Mientras avanzábamos hacia Ailefroide, a mitad de camino, empezó a caer una fina llovizna, y cuando miramos hacia las cimas que habíamos dejado las vimos envueltas en nubes. Al final, sí vino el agua, pero parecía provenir del oeste, no del este.

En todo caso, duró poco. Llegamos al camping felices, tras un excelente día en la montaña y nos preparamos para el día siguiente, que sería de un poco de escalada corta y la partida.

Alpes 2013: La Fissure d’Ailefroide

El martes 25 de junio era día de descanso, así que para “relajarnos” con Eric decidimos escalar La Fissure d’Ailefroide, una vía clásica, de escalada tradicional, que se encuentra en la parte sur del camping municipal donde parábamos.

La Fissure d'Ailefroide vista desde el camping

La Fissure d’Ailefroide vista desde el camping

Verla todos los días desde la carpa era demasiado tentador, esa fina línea que sube por ese inmenso bloque de granito redondeado. Había que hacerla. Además me atraía saber que la había abierto Lionel Terray, célebre alpinista de la primera parte del SXX, cuya autobiografía (“Conquistadores de lo Inútil”) saboreé con placer.

La ruta tiene unos 250m de largo, sigue una fisura que tiene varios metros en su parte más ancha y pocos centímetros en su más angosta. Ofrece escalada en fisura, en placa, se puede empotrar, hacer bavaresa, movimeintos de balance, algunos tipo de boulder, es muy completa.

Se hace entre 6 y 8 largos. Nosotros creo que la hicimos en 6 o 7. Los largos van de 4a a 5c de dificultad (la salida es 3a, una caminata, prácticamente).

El plan era que nos turnáramos con Eric, de modo que el largo 5c le tocara a él, que es más fuerte que yo.

Así empezamos. El primer largo fue mío, bastante sencillo. Luego vino el segundo, que supuestamente era más fácil. Eric lo hizo de primero, así que a mí me tocaba llevar la mochila.

El problema es que la vía se mete dentro de una parte ancha de la fisura, que se vuelve una chimenea de la que luego hay que salir hacia la cara de la pared.

Eso se convirtió en un grave problema, porque yo más la mochila no pasábamos. Después de pelear un buen rato, me saqué la mochila, la até a una de las dos cuerdas a la que estábamos encordados, hice el paso para montarme a la cara de la pared, recuperé la mochila y me la volví a poner.

Así contado, parece todo muy mecánico, ¡pero cómo sudé!

Vista desde el final de la Fissure d'Ailefroide

Vista desde el final de la Fissure d’Ailefroide

El resto de los largos pasaron sin mayores incidencias. A medida que avanzábamos, se pulían los tiempos para el cambio de primero en los relevos (con chapas, excepto cuando a Eric o a mí nos parecía que tocaba montar uno improvisado y lo haciamos con fisureros, friends, cintas o lo que tuviéramos a mano), que logramos optimizar bastante bien.

Todo fue bien, a Eric le tocó el largo 5c, pero armó uno de los relevos improvisados cuando creía que la dificultad había concluido.

Me costó algo de decisión pasar las dificultades que él había superado y econtrármelo en lo que parecía la fácil salida 3a. Me pasó el equipo, y arranqué. Fueron tres o cuatro metros a puro sudor. Resulta que esa era la distancia para llegar al relevo, y ¡cómo me costó! Testimonio son las marcas en mi mano izquierda, empotrada salvajemente para poder asegurar un movimiento complicado y expuesto para alcanzar una chapa a la derecha.

Después de la chapa, la cosa no se facilitó. Siguieron uno o dos pasos difíciles hasta que llegué al mentado relevo.

Como había avanzado apenas unos pocos metros decidimos que siguiera hasta el final. Fui en línea recta, y no hacia la izquierda como indicaba el topo, así que creo que es probable que lo que hicimos fuera una salida 6a, pero no lo sé, pudo haber sido 5c.

El hecho es que la terminamos. No sin que yo, injustamente, le dijera al pobre Eric que no había terminado su largo. En el fondo se lo agradezco, porque me obligó a forzar mis límites un poco.

Al final del último largo, en el tramo fácil, metí uno de los tricams que había llevado. Yo los considero una gran pieza de equipo de protección. Eric prefería no llevarlos. La verdad es que no los necesitamos, pero yo les tengo especial aprecio, porque los veo muy versátiles. Tampoco había necesidad de usarlo en ese tramo, podría haber puesto otra cosa, pero era mi forma de decirle a Eric “viste, al final los usamos”. Tampoco va uno a dejar de hacer guiños y bromas, ¿no?

La vista desde la vía es genial, sobre todo desde el punto final, con panorámica del valle,  el camping y las montañas que lo rodean.

Pero era tarde, así que no nos podíamos quedar allí mucho tiempo. Parece que la pared se puede bajar en rappel, pero nosotros no lo teníamos tan claro y sabíamos que había un sendero para descender, que aparece un poco más arriba y a la izquierda del final de la vía, y corre hacia la izquierda (mirando a la pared).

Eric cruza encordado la garganta del sendero que baja de La Fissure d'Ailefroide

Eric cruza encordado la garganta del sendero que baja de La Fissure d’Ailefroide

Lo encontramos. Creo que puede haber sido la parte más difícil de la vía, porque tocaba salvar una garganta amplia y atemorizante, por una angosta repisa. Tan angosta, que había una chapa para asegurarse y hacerla encordado. Eso hicimos, aunque una vez encarada uno se da cuenta de que no era tan complicada como parecía.

Luego de un buen rato de descenso, cruzamos el río de vuelta al camping y nos preparamos para otro día de descanso a la mañana siguiente: aproximación al refugio del glaciar Blanc.

Alpes 2013: ascenso al Monte Pelvoux, vía el couloir Coolidge

Si este post lo leyera alguien de antes de mediados del S XIX creería que estoy hablando de haber escalado la montaña más alta de Francia.

“Eso se pensaba en ese entonces”, me contaba luego del ascenso Eric, “cuando todavía no se había medido bien la Barre des Écrins y el Mont Blanc no pertenecía a Francia” y faltaban medir otras cumbres, imagino.

Además de Eric y yo, en el grupo estaban Alex y Zofia.

El 23 de junio por la tarde iniciamos la aproximación al refugio de Pelvoux (2700m) desde el camping de Ailefroide (1500m).

No habíamos podido comunicarnos con el refugio para reservar lugar ni cena, así que yo reconozco que estaba un poco preocupado de que no tuviéramos lugar o comida (lo cierto es que en los refugios nunca te dejan tirado, pero bueh).

Esta vez quise probar una nueva estrategia. En vez de subir con las botas de montaña, me calcé unas zapatillas y cargué las botas en la mochi. Cierto que cargaba más en la espalda, pero mis pies agradecieron no sufrir el calor de la tarde alpina en las botas preparadas para la nieve y el hielo.

Lo que no tuve en cuenta es que este año hubo más nieve que cualquiera de los anteriores que haya ido, así que en varios tramos del ascenso al refugio tocó meter las zapas en hondas huellas y torrentes más altos de lo ideal. Igual, con el sol que había, se secaban casi tan rápido como se mojaban.

En 3.15h de caminata llegamos al refugio, con bastante tiempo para acomodarnos y descansar. El tiempo fue bastante mejor que la última vez en que había subido hasta ahí, en que tardé 4h. En cualquier caso, por más que el día anteiror habíamos subido hasta 2200m, no estaba del todo aclimatado, y algo se sentía.

En el refugio nos explicaron que no nos habíamos podido comunicar porque no andaba el teléfono, pero hubo comida y lugar para dormir igual, sin problema.

El refugiero nos preguntó qué haríamos, un dato que necesitan para: saber dónde uno estará, por si acaso; dar información relevante sobre la vía; calcular a qué hora servir el desayuno, en función de lo largo del recorrido.

Le dijimos que intentaríamos la cumbre del monte Pelvoux por el couloir Coolidge (PD, II). “A las 3am”, respondió lacónico.

La comida fue muy buena, como siempre en los refugios. Tres platos, muy abundantes. Si las madres supieran que allí a uno le dan aún más comida que ellas (y uno la come toda), ¡qué celosas se pondrían!

Sorprendentemente, dormí bien. Entre la altitud, la ansiedad, el hecho de que las habitaciones están llenas de la humedad de los cuerpos que están allí apiñados, y el picor de las frazadas que dan, en general nadie descansa bien -aunque siempre mejor que en un bivac.

A las 3am arrancamos. Parte del recorrido ya lo conocía. La primera dificultad aparece justo detrás del refugio, cuando se debe escalar una pared de roca de unos 10m, para subir a una morrena, que finalmente desemboca en la parte baja del glaciar de Sialouze, la Bosse de Sialouze, que debe cruzarse de este a oeste, para acceder a la parte superior del glaciar y de allí al couloir Coolidge, por el que haríamos la parte más fuerte de la ascensión.

Algunos de los grupos que subieron decidieron encarar esa pared de roca con grampones puestos. Por suerte nosotros le hicimos caso al refugiero, así que fue mucho más fácil.

Otro elemento que facilito las cosas es que había luna llena, así que digamos que las frontales prácticamente no las usamos.

Las condiciones eran óptimas, la nieve estaba excelente y llegamos bastante cómodos al couloir, que ofrece una pendiente de unos 35 a 40° por unos 300m de elevación.

La cosa empezó bien, pero sobre el final del couloir Coolidge me empezó a afectar la altura, y me costaba avanzar. ¡Qué cosa, apenas por encima de los 3500m! Pero bueno, así son las cosas. Daba dos pacitos y paraba a tomar aire. Y así por un buen rato.

Finalemente, terminamos el couloir y llegamos al glaciar de Pelvoux, desde donde se accede a la cima, llamada Pointe Puiseux (3943m).

Como me costaba recuperarme, les dije a mis compañeros que los esperaba ahí, mientras ellos hacían cumbre. Por suerte, después de unos pocos minutos de descanso y de una insistencia de su parte que agradezco, dije que probaría.

Nos encordamos los cuatro, y como yo era el más lento, fui al frente para marcar el paso. Alcanzar la cumbre nos llevó apenas 20 minutos. Menos mal que dije que sí, cómo me habría arrepentido si no. Es más, el esfuerzo fue tal, que me emocioné al hacer cumbre.

Es un lugar precioso, con unas vistas increíbles.

Nos quedamos unos cinco minutos en la cumbre y luego iniciamos el descenso, que fue muy tranquilo.

En el refugio me volví a calzar las zapatillas, a meter las botas en la mochila, y bajamos a  un mericidísimo descanso.

Al llegar al camping me dí cuenta: haber bajado en glissade parte del camino desde la cima hasta el refugio tuvo su costo. Y alto. Por no acomodar antes el equipo que tenía en el arnés perdí un tornillo de hielo (¡aaaarggggg!) y una nut tool. En fin, algo se iba a cobrar la montaña, evidentemente.

Alpes 2013: desde Ailefroide, en Les Écrins, escalada y montañismo

Al final de la vía deportiva Horizontal Limit (4c)Entre el 22 y el 28 de junio de 2013 estuve otra vez en el parque Les Écrins, en los Alpes franceses, cerca de la frontera con Italia.

Écrins significa “cofres”. Claro, el lugar está lleno de tesoros, sobre algunos de los cuales logramos posar nuestras manos este año.

De hecho, fue un viaje súper activo, el más fructífero de los que hice hasta ahora a Les Écrins.

Fui con Alex, Zofia y Eric.

Aquí, un resúmen de lo que hicimos (haré un post detallado para cada ascensión que lo amerite):

  • La base la montamos en el magnífico camping municipal de Ailefroide (1500m), tras un largo viaje en coche desde Londres.

    Vista desde el camping municipal de Ailefroide

    Vista desde el camping municipal de Ailefroide

  • Llegamos el sábado 22 por la mañana. Para iniciar la aclimatación, subimos al valle de Clapouse, a unos 2200m. La caminata es muy bonita. Se llega a la base del glaciar de Clapouse y se consigue una bella vista del valle de Ailefroide hacia el noreste, así como del maciso de Pelvoux, hacia el norte. Además, tuvimos la suerte de ver un grupo de chamoix, las cabras montesas de la zona.

    Postrimerías del Glaciar de Clapouse

    Postrimerías del Glaciar de Clapouse

  • Parcialmente aclimatados, el domingo 23 hicimos la larga ascensión hasta el refugio de Pelvoux (2700m), cargados con el equipo necesario para hacer cumbre al día siguiente. En 3h15m estábamos en el refugio (creo que fue una mejora, porque la última vez me había llevado 4h la misma caminata; tal vez me ayudó hacerla en zapatillas), donde dormimos y comimos.
  • A las 3am del lunes 24 nos levantamos e iniciamos la ascensión a la cima del Pelvoux por el couloir de Coolidge (3943m, PD, II). Eric nos contó que hasta mediados del siglo XIX se creía que era la montaña más alta de Francia, aunque luego las mediciones mostraron que la Barre des Écrins era más alta y, además, Francia terminó quedándose con el Mont Blanc, más alto aún. Pero digamos que para el público de 1830, tras mucho esfuerzo -me costó la altura-, conquistamos el pico más alto de Francia. Luego bajamos al camping, a descansar.
  • El martes 25, día de “descanso”, nos propusimos con Eric escalar La Fissure D’Ailefroide, por su vía normal (D, 5c max.). Son entre 6 y 8 largos de escalada tradicional que pueden verse claramente desde el camping; una vía escalada por primera vez por el mítico Lionel Terray en torno a 1941, cuya autobiografía tiene el mejor, más certero, título de la historia de la literatura de montaña: Conquistadores de lo Inútil. Conquistar la “inútil” fisura nos llevó varias horas, y diría que lo más “salvaje” fue el descenso por un precario sendero. Pero ya contaré más.

    La Fissure d'Ailefroide vista desde el camping

    La Fissure d’Ailefroide vista desde el camping

  • El miércoles 25, todavía con las piernas cansadas por el día de “descanso”, subimos con Eric al refugio del Glacier Blanc (2542m). Es una caminata preciosa desde el Pré de Madame Carle, no muy larga, de unas 2h, pero algo empinada. Cenamos como si creyéramos que la próxima comida sería en una semana. Y nos fuimos a dormir.
  • El plan inicial para el jueves 26 era hacer cumbre en Pointe Cezánne, por recomendación de Alex. Pero tras conversar con la hermana del refugiero, que nos contó que se podía unir esa cumbre con otra, decidimos hacer Pointe Cezánne (3365m) más la travesía al Pic du Glacier d’Arsine (3364m), por la arista que las une (PD, III). Fue una salida excelente, con gran tiempo y buen ritmo, ya aclimatados a la altura. De hecho, en vez de terminar en el Pré de Madame Carle y ver si consguíamos que alguien nos devuelva al camping, decidimos hacer la caminata que une ambos puntos. Una gran idea, porque el recorrido es precioso.

    En la cumbre oriental de Pointe Cézanne

    En la cumbre oriental de Pointe Cézanne

  • El viernes 27 nos tocaba partir, pero antes de irnos estuvimos unas horas esclando las placas que están sobre la misma roca que la Fissure d’Ailefroide, a su derecha. Son vías deportivas cortas, de uno o dos largos. Sólo hicimos las de un largo, y no demasiadas, por tiempo. Sólo me acuerdo el nombre de una que hice de primero: Horizontal Limit (4c).
  • El sábado 28, habiendo dejado a Eric de camino, Alex, Zofia y yo pasamos por Fontainebleau para dedicar unas 4 horas a “jugar” en los boulders de la zona. La verdad, es adictivo y fue un gran final para un gran viaje. ¡Muy contento!

    El mensaje y las provisiones que dejamos en el camping, espernado que alguien las aprovechara

    El mensaje y las provisiones que dejamos en el camping, espernado que alguien las aprovechara

Escalada y fútbol, ¿no, no, no?

Ayer estaba escalando en un gimnasio de boulder al que suelo ir y donde no es extraño que me encuentre con amigos y conocidos. De hecho, me encontré con varios.

Ayer también era el partido de ida de la semifinal de la Liga de Campeones en que Bayern Munich terminó aplastando al Barcelona.

La verdad es que lo quería ver, así que cuando faltaban 15 minutos para que empezara, y después de darle duro al entrenamiento por algo menos de dos horas, me fui para casa.

Cuando me iba, pasé a saludar a los amigos que me había encontrado. Se repitió un ritual habitual, en el que quien se queda le pregunta al que se va “¿cómo? ¿ya te vas?” y el que parte responde “sí, estoy liquidado, hace x horas que estoy acá” o “hoy se me agotaron las fuerzas”, todas respuestas que son recibidas con asentimientos comprensivos, cómplices.

Pero esta vez también dije que quería llegar a ver el partido. Primero, cara de incredulidad, luego pregunta sobre quién jugaba, finalmente, ante la respuesta, hombros encogidos y total desinterés.

Y ahí me di cuenta: al menos en Reino Unido, al menos entre la gente que escala que yo conozco, parece haber un absoluto desinterés por el fútbol (no un interés tranqui, sin fanatismo, como el mío; directamente cero interés). ¿Será casualidad, o habrá algún tipo de relación causal? ¿Será igual en otros países?

Progresión: primeros HVS en escalada clásica, en el Peak District

Via en Stanage

Via en Stanage

El fin de semana pasado hice de primero, entre otras, dos vías HVS de escalada clásica (más sobre escalada clásica en este viejo post), en el Peak District, cerca de la ciudad inglesa de Sheffield.

Nunca lo había hecho en ese grado, sí de segundo. Me dio mucha alegría, porque le tenía mucho respeto. Para quienes escalan grados muchísimo más altos con soltura esto parecerá pueril, pero los que están más cerca de mi estándar entenderán. En todo caso, en cualquier progresión de dificultad, las sensaciones y los estadíos por los que se pasa deben ser similares.

Yo creo que finalmente logré hacerlo por la combinación de varios factores: estar relativamente bien físicamente (aunque, sin embargo, no en mi mejor momento); haber ido con la idea de escalar de primero sólo VS (el grado anterior) y con una vaga intención de intentar hacer HVS, habiendo escalado VS en forma bastante consistente en las anteriores salidas de ecalada clásica; una cierta serenidad y motivación a la hora de enfrentar las dificultades de las vías; y el sentirme confiado con quien me daba seguro.

Videito del primero de los dos días

Overhanging Wall

La primera de las dos HVS de este fin de semana -y de mi vida- la hice el sábado, después de hacer otro par de vías con Alex S como compañero de cordada. Fue Overhanging Wall (HVS 5a; algunos le dan 5b), en una zona que se llama Stanage Plantation. Es una vía muy interesante, con un paso particularmente difícil al llegar al final de una placa que se une a un techo con una fisura horizontal.Al llegar allí, se debe travesear hacia la derecha para evitar el techo, pero para iniciar la travesía hay un delicado movimiento con pocos pies para alcanzar tomas buenas en la fisura, que están un par de metros hacia la derecha.

Me equivoqué en la secuencia, me fui muy hacia la izquierda, y tuve que recular, poner más protección para darme confianza, pensar (algo que se ve que no había hecho bien antes) y meterle decisión. Al final, como suele suceder, una vez completado el paso pareció más sencillo de lo que se esperaba. La travesía hacia la derecha luego es es fácil. Y hay una nueva -pequeña- dificultad al salir del techo y encarar una pared vertical con buenas tomas. La pared en sí es fácil hasta terminar la vía. Así fue Overhanging Wall, mi primer HVS. Había superado un límite mental.

Tody’s Wall

El segundo, y probablemente el mejor de los dos, lo hice el domingo, con Stephen como compañero de cuerda. Fue Tody’s Wall (HVS 5a), en Froggatt Edge. La verdad es que me resultó más difícil que Overhanging Wall, y tuve que descansar en dos ocasiones. La vía es preciosa y variada.Arranca con un par de metros de pared vertical hasta que se llega a un bloque, sobre el que hay que montarse (esto fue lo que más me costó, y el primer lugar donde descansé sobre la protección).

Una vez sobre el bloque se termina con la cara a la altura de una fisura no muy buena, que remata un techo, y que se puede proteger con un par de friends. También descansé ahí, porque el paso es bastante gimnástico, pero súper seguro, porque la protección está a la altura de la cintura en el momento crucial, cuando se pone la pierna derecha sobre una saliente a la altura de la cabeza, se toma un pequeño bloquecito no muy positivo en el lado de arriba del techo con la mano derecha, y se usa la izquierda sobre la base de la fisura para subir el cuerpo a la placa que sigue al techo.

La placa, de unos 4 metros, se hace sin protección extra (no hay donde poner). Pero es muy fácil. La vía termina con una fisura preciosa y fácil de proteger, de unos 3 metros (no fue la única fisura del fin de semana, lo que llevó a consabidos resultados). Excelente vía, completísima, y una gran experiencia para rematar mi primer contacto con las HVS.

Menos es más

Aunque en las dos vías descansé en los seguros me siento realizado, porque vencí miedos y dificultades y logré completarlas. Un gran fin de semana. Un fin de semana de progreso, en el que además de esas dos vías escalé, de primero o segundo, otras ocho. Todas muy divertidas.

Y a eso se suma algo que por ahora es solo una sensación, pero que cada vez me parece más cierto y concreto, además de paradógico: cuanto más difíciles las vías, más claras son las secuencias y más difícil es perderse o hacer pasos equivocados. Eso, simplemente, por la falta de opciones: o encontrás la toma que es o no hay nada. Un claro caso de “menos es más”.

Cuatro pares de zapatillas de escalada, algunas opiniones

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De izquierda a derecha, por orden de llegada a mis pies, cuatro pares de zapatillas de escalada que conservo y un resumen sobre qué tal me ha ido con ellas:

Teknia (modelo desconocido)

Estas son de fabricación argentina, las compré en Buenos Aires y son muy razonables como par cómodo, para todo el día. Las usaba con medias (calcetines, para los amigos de España). No son técnicas y la suela me aguantó bastante, pero como se ve en la foto, ya están agujereadas en las puntas. Las uso para escalar en vías de deep water soloing, por si me caigo al agua, así no se me mojan las que uso ahora. No sé bien qué tal los modelos nuevos de Teknia, si alguien sabe algo, por favor, cuénteme.

¿Recomendables? No creo que tengan este modelo aún, pero si siguen siendo relativamente económicas y son para un principiante, diría que sí. Pero, repito, no sé mucho de los modelos nuevos.

Red Chili Spirit

Son de la gama Performance de la marca. Para mí siempre fueron pies de gato para todo el día y no realmente muy técnicos. Siempre fueron muy cómodos, eso sí. También los usaba con medias. El problema con Red Chili es que la goma dura poco. De hecho, estos los mandé a resolar, pero me di cuenta que con las ofertas que hay todo el tiempo dando vueltas por la web, no vale la pena resolar zapas. Ahora los uso para prestarle a alguien viene a escalar y no tiene zapatillas.

¿Recomendables? Si están baratas, para principiantes, puede ser. Pero como la goma dura poco…

Red Chili Habanero

Con estas me arriesgué, porque las compré online, directo de rockrun.com, que suele tener muy bunas ofertas, sin probármelas. Me quedaron como un guante y tenían buena adherencia, eran cómodas en todo tipo de roca y posiciones. Fueron las primeras que usé sin medias. Ahí apareció una de las desventajas: como las zapas son de cuero sintético tomaron feo olor. Pero lo peor fue que repitieron el problema de las otras Red Chili: la goma duró poco y nada. OK, algo de culpa tendré yo por no escalar prolijamente, pero la duración me resultó extremadamente breve y otra gente me ha dicho que sintió lo mismo con esta marca de zapas.

¿Recomendables? Son muy cómodas. Y si escalás con suma delicadeza, puede que la goma aguante. Pero si escalás como yo, con algo más de desesperación cuando tocan movimientos difíciles, puede que te duren muy poco.

Scarpa Force

Cuando a las Habanero se les agotó la vida útil, otra vez volví a comprar online, sin probarme. Y otra vez tuve suerte. Conseguí bastante baratas unas Scarpa Force (hace poco el fabricante las reemplazó con el modelo Scarpa Force X). Son las primeras zapas con velcro que tengo. Eso es bastante cómodo, la verdad, pero no es lo principal. Lo mejor es que son súper cómodas, aunque las uso sin medias (hay menos problemas de aromas, porque son de cuero natural) y son bien justas. Y se escala muy bien en ellas. Además, hasta ahora, la goma ha soportado muy bien mi alto nivel de maltrato. Definitivamente, las que más me convencen de todas las que he usado. Espero conseguir algún par del modelo viejo, barato aún en rebajas online, para ya tenerlo guardado como reemplazante del actual.

¿Recomendables? Totalmente. Siempre y cuando sean cómodas para tus pies.

Una nota sobre comodidad

Hablo de la comodidad y aunque es sabido no puedo dejar de recordar que eso va en el pie de cada uno. En Reino Unido, por ejemplo, son muy populares y tienen muchas recomendaciones las zapas de escalada de Five Ten (yo tengo zapas de andar de ellos y son geniales), pero no hay caso, a mí me van mal; me son incómodas, me sobra zapa donde no debería, me hacen doler innecesariamente. Y la verdad es que si el dolor es intolerable, para mí hay algo mal en un pie de gato, a mí no me sirve. Un poco de dolor después de un rato puestas y usándolas, sí, pero dolor intolerable desde el minuto que las calzo, ¡no!

Escalada en Cerdeña, una breve experiencia en Cala Fighera

A principios de abril viajé por una semana a la isla italiana de Cerdeña, en el Mediterráneo, al sur de Córcega y al oeste de Italia continental.

Sabía que era un destino feliz para la escalada deportiva, así que aunque era un viaje de pareja y familiar, llevé equipo para mí y para quien consiguiera que escalara conmigo.
Después de ir y venir con algunos contactos, encontré con quien escalar. Eran novatos, así que fue más bien una experiencia de instrucción que de intentar vías desafiantes. Y como me dijo un amigo más tarde: “¿Habrías preferido juntarte con uno que hace vías 8b?”

Además, enseñar es satisfactorio, y aunque todas las vías que escalé fueron muy fáciles (me daba seguro gente que recién estaba aprendiendo a hacerlo), hice todas de primero y pude ejercitar la tarea de supervisión y de ver a otros aprender.

Tampoco tuve la oportunidad de probar la roca en muchos lugares de la isla. Escalé sólo en Cagliari, un día entero y luego una mañana, en la zona de Cala Fighera.

La fantástica vista desde una de las paredes de Cala Fighera (Foto: André Freire)

La fantástica vista desde una de las paredes de Cala Fighera (Foto: André Freire)

En Cala Fighera hay tres o cuatro sectores, de los que probé dos de acantilados de caliza sobre el mar (con unas vistas preciosas).

Primero fui a Babbo Natale, una zona de escuela, con vías entre 3+ y 5+. Hice casi todas allí, fáciles y placenteras (hay cinco o seis vías en esa pared). Son buenas para enseñar.

Eso fue el primer día, en que también hice un par de vías de la zona de Giardini Sospesi Sull’Acqua, justo en el lado opuesto de la cala.

Allí hay algunas vías de mayor dificultad, pero no hice nada más que 5+. Cierto que alguna se sintió más como 6a o 6a+. Los conocedores de la zona dicen que como varias de las líneas se abrieron en los 80, los grados de dificultad son de esa época; o sea: más duros.

De hecho tuve que descansar en alguna express en un par de vías y una no la pude terminar. (Si hubiera estado con algún compañero de cordada conocido, habría intentado el movimiento que me dejó varado a mitad de vía, pero con principiantes en el otro lado de la cuerda no me atreví.)

La roca de Giardini Sospesi Sull’Acqua, con más de 20 vías (Foto: André Freire)

La roca de Giardini Sospesi Sull’Acqua, con más de 20 vías (Foto: André Freire)

Sin lugar a dudas la mejor de las líneas que hice fue Prima del Duemila (grado 5), con un trazado un poco en diagonal, con movimientos súper disfrutables y unas vistas geniales, bien expuesta, terminando sobre una gran caverna extraplomada.

Hasta aquí, lo escalado. Luego está lo que ví, y que me dejó con muchas ganas de volver por más.

En una de las vías de de Giardini Sospesi Sull’Acqua (Foto: André Freire)

En una de las vías de de Giardini Sospesi Sull’Acqua (Foto: André Freire)

Fuimos con Gema a hacer un recorrido de dos días al centro-este de la isla. Es una región espectacular, con cerros, colinas, quebrados, cavernas, paredes de granito, de caliza, de todo.

Dormimos en Cala Gonone, que es uno de los puntos estratégicos para escalar en Cerdeña. No es de extrañar. Se llega cruzando unos cerros que descienden directo en picado al mar, a una zona de playas hermosas, rodeadas de roca, llenas de vías para escalar.

También se puede escalar muchísimo acercándose unos kilómetros hacia el centro de la isla, donde hay opciones para todos los gustos: vías fáciles y duras de deportiva, trad, de varios largos, cavernas, y hasta alguna que otra cima.

Eso sí, todo toca hacerlo en coche. Creo que da bien para un viaje de 3 a 5 días (aunque en toda la isla hay zonas de escalada y uno podría pasarse meses allí). Cerdeña tiene tres aeropuertos: en Cagliari, Olbia y Alguer.

Descendiendo tras completar la vía Prima del Duemila (Foto: André Freire)

Descendiendo tras completar la vía Prima del Duemila (Foto: André Freire)

Para ir a Cala Gonone el que más conviene es Olbia, pero Cagliari también está bien. Se puede alquilar un coche allí y -dependiendo de la ruta que se use y las paradas que se hagan- manejar por 2 a 5 horas hasta la Cala, donde hay opciones de alojamiento que van desde el camping, hasta hoteles cuatro estrellas.

La comida es excelente en toda la isla, aunque los precios están por encima de los de Italia continental, en general.

Y los que saben recomiendan no ir en pleno verano, porque se limitan las posibilidades de escalada, por el calor.

Hay una guía completísima de escalada en Cerdeña, se llama Pietra di Luna y se consigue en italiano e inglés.

También está la gente de la sección Cagliari del Club Alpino Italiano, a quien se puede consultar si se planea un viaje hacia la isla. O me pueden contactar vía Twitter: @natalio.

“Esto es la escalada en hielo” – Cuatro días en las cascadas congeladas del Tirol de Austria

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“This is ice climbing” (”esto es la escalada en hielo”). Esa es la frase que repetía, con sistematicidad germana y la intención de contagiar una resignación jocosa, nuestro guía e instructor, Benno, ante contingencias y quejas de dolor o frustración, de las que hubo más de una en los cuatro días que pasamos con él.

Fue durante el curso de escalada en hielo que tomamos cinco miembros del Brixton Climbers Club en el Tirol austríaco (Stephen, Jon, Eric, Richard y yo). Volamos el 16 de enero a Munich, tomamos un coche alquilado y comenzamos el viaje hacia Austria.

En el camino nos detuvimos en Tegernsee, junto al lago del mismo nombre, para almorzar en el enorme Herzogliches Bräustüberl Tegernsee (Salón de Cerveza Ducal de Tegernsee). En los platos apenas cabían las enormes porciones de panceta al horno y una suerte de gigante albóndiga de pan (Semmelknödel). Ah, y las cervezas. Muy ricas las cervezas.

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Terminamos tan llenos que no llegamos a los postres, y nos quedamos con las ganas de Apfelstrudel (strudel de manzana). Seguimos camino hacia el sur, hacia el hotel Grieserhof en Gries Im Sellrain, donde nos encontraríamos a la mañana siguiente con Benno.

Gries Im Sellrain es un lugar precioso y puerta a múltiples opciones de escalada y otras actividades invernales, como esquí de travesía, esquí de pista, fuera de pista, etc. Como era día de semana el hotel estaba a media máquina y la cena no se comparó ni por asomo con el almuerzo. Igual, fue abundante.

El resto, perfecto. Los dueños, holandeses, bastante serios, pero amables. Buenas camas, buena ducha, y una habitación en el sótano para secar botas, equipo y ropas (siempre necesaria en estos viajes invernales).

Primer día de escalada

El jueves, después de desayunar nos juntamos con Benno y -sin muchas vueltas- nos fuimos para la primera cascada, Gasthausfall (Cascada La Posada). Todos en el grupo habíamos ya escalado en vías invernales y en hielo. Pero ahora íbamos a aprender a hacerlo “bien”, utilizando las técnicas correctas.

VIDEO: Winter Climbing Lake District and Scotland 2012 – Brixton Climbers Club

Escocia 2011: montañismo y escalada en nieve, roca y hielo

Benno escaló una vía y preparó unas líneas de top-rope y nos mandó directo a escalar. Buena idea, porque en definitiva se aprende haciendo. El primer día consistió básicamente en eso. Escalar, escalar, escalar. Eso sí, en top-rope. Las vías iban de grado WI3 a WI4, más o menos.

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Hacía bastante frío, pero mientras escalaba, lejos estaba de sentir nada menos que calor abrasador. Y un tremendo dolor en las pantorrillas, que parecían una roca.

“This is ice climbing” , dijo Benno cuando lo comenté en voz alta y algunos de mis compañeros asintieron. “Y mantengan esos talones hacia abajo”, insistía, “duele pero hace que los pies estén más estables”.

Más estables. Bien, eso es bueno, importante. Dolor. Uh, eso no es tan bueno. Pero es parte del asunto. Hay que tomarle cariño al dolor. Como dicen, el dolor es tu amigo. O sea, es bueno.

Ese día también aprendimos cómo poner tornillos como seguros y cómo evaluar la calidad del hielo donde los colocamos.

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Escalamos sin parar hasta antes del anochecer, cerca de las 5 de la tarde. No se paró para almorzar, cada uno iba picando lo que tenía, en alguna pausa. Yo no necesito comer mucho mientras estoy escalando, así que con alguna barrita de cereales ya estaba bien.

Lo mismo se repitió en los días que siguieron, aunque comenzando a escalar más temprano. Desayuno a las 7.30, salida a las 8.30, escalada a las 9 hasta las 5. ¡Cómo un trabajo!

La cena del jueves por la noche fue mejor que la del miércoles, e iría progresando día a día, hasta culminar en unas fantásticas costillas al horno el domingo por la noche. Pero no nos adelantemos.

Segundo día de escalada

El viernes repetimos cascada, Gasthausfall.

Otra vez Benno armó vías y practicamos en top-rope. A la hora de colocar las piquetas, muchas veces toca limpiar la superficie del hielo malo, o clavarlas varias veces hasta que queden firmes. En ocasiones, caen pedazos de hielo. Algunos grandes como pelotas de fútbol.

Cuando una de esas “pelotas” congeladas estalla entre dos que estábamos en la base de las vías, Benno dice, inmutable, “This is ice climbing”.

Hay que estar muy atento, siempre con casco, mirando para arriba quien dá seguro y avisando de posibles caídas quien escala. Y acordarse que uno tiene casco y que no tiene sentido taparse la cabeza con los brazos, que van a salir lastimados si el hielo los golpea. Mejor que den contra el casco.

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Ese día también aprendimos a armar relevos en hielo, con dos tornillos. A pesar de lo que pensábamos, la técnica no es de ecualizar en vértice, como en escalada en roca, sino que se ponen dos tornillos a algo más de medio metro de distancia vertical -ligeramente fuera de línea- y se unen con una eslinga, a la que se le hace un nudo peculiar al colocarla con un mosquetón en el tornillo de abajo (el que se usa para dar seguro).

Además, no hay tensión en la eslinga, de hecho tiene que quedar algo floja, para que si el tornillo de abajo falla (el que efectivamente sostiene el relevo) recién ahí entre en acción el de arriba, pero sin haber estado cargado. Y al no haber tensión en el tornillo de arriba, se evita que se mueva.

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Benno también se concentró en transmitirnos elementos de técnicas de escalada: piquetas en línea vertical, cuerpo en forma de Torre Eiffel para el equilibrio, siempre seguir con los pies la posición vertical de las piquetas, adoptar una postura cómoda antes de colocar tornillos. ¡Y los talones hacia abajo!

Tercer día de escalada

Esta vez fuimos caminando desde el hotel a otra cascada, Sautrog. La de los días anteriores era mala opción en sábado, porque estaría abarrotada de visitantes de fin de semana.

¡Día de primerear! Richard tomó la iniciativa y fue de primero en una vía corta, luego de que hiciéramos algunas vías en top-rope. Después lo seguimos todos los demás.

Como siempre, al ir de primero sentí que escalaba mejor, más enfocado, con más precisión. Lo disfruté más. Dá una profunda sensación de control, paradógicamente.

No colocábamos todos los tornillos nosotros, algunos los había dejado puestos Benno. Lo mismo sucedería al día siguiente, aunque las vías serían más largas.

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La baja temperatura hace que las cuerdas, las cintas, todo el equipo se congele y se haga más difícil de manipular que en un clima más templado. El frío también se hace sentir en los pies, sobre todo cuando uno está dando seguro y en las manos si se mojan los guantes (de los que siempre hay que llevar varios pares).

Dá la sensación de que además del dolor, el frío también es tu amigo, pienso.

Y Benno recita el mantra: “This is ice climbing”.

Cuarto día de escalada

El domingo fue el último día de curso. Benno esperó hasta último momento para elegir el lugar, porque en algunas de las cascadas había riesgo de avalancha. Finalmente fuimos hacia Ötztal, otra zona, a una media hora en coche hacia el oeste. De camino pasamos por el centro de esquí de Kühtai, lo que hizo que el grupo tomara una decisión tajante sobre la actividad a realizar el lunes antes de ir hacia el aeropuerto. (¿Ya dije que yo sólo esquié una vez en mi vida?)

El día fue genial. Todos primereamos dos vías WI3-WI3+ en la cascada Ghostbusters, de unos 30 metros. Sentí aún más placer haciéndolo que el día anterior. La primera vía, más fácil, la hice temprano en la mañana. La segunda, al final del día. Se vé que fue decantando el conocimiento y la seguridad en lo aprendido, porque esta me resultó más fácil, más relajada.

Además de eso, hicimos en top-rope una vía más corta pero bien delicada, con hielo en columnas, con mucho aire, y vertical. El juego era escalar esa cascadita sin destrozar el hielo, que era bastante frágil.

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Y para remate, Benno primereó una vía mixta de hielo y roca (no sé cómo se llamaba ni el grado, pero debía estar entre M6 y M7), que luego todos hicimos de segundos. Muy divertido. Es genial lo bien que las piquetas y los grampones logran agarrarse en la roca. De hecho hay tomas en que las piquetas logran quedar bien firmes y en las que difícilmente podría yo sostenerme a mano pelada.

Para rematar practicamos la construcción de descuelgues con abalakovs (llevan el nombre de su creador, Vitaly Abalakov, un legendario montañista ruso).

Felices, volvimos al hotel (menos Stephen, que ese día tenía que estar en Munich para volar temprano el lunes). Pero de camino paramos en Kühtai y alquilamos esquíes, botas y bastones.

Al llegar, Eric, que es un gran esquiador y creo que en alguna época fue instructor, me enseñó algunas cuestiones básicas en una pista de esquí de travesía que hay atrás del hotel.

Después, a comer el anunciado costillar.

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Último día – esquí

Dejamos todo en el hotel, menos lo indispensable para esquiar, y nos fuimos para Kühtai. Eric me dedicó un buen rato en la zona de principiantes (pista verde, aunque él mismo dijo que era la pista verde más difícil que había visto en su vida). Me explicó cómo ir bajando de a poco, de costado, me intentó explicar cómo girar levantando un esquí, y luego el otro, pero no me salió. Me explicó cómo hacer los giros para ir frenando, etc.

Le fui agarrando la mano, sorprendentemente los giros a la izquierda me salían paralelos, a la derecha ya no tanto, pero tampoco tenía tanto control. Después vino Jon y me fui con él, más arriba, a una pista azul (el siguiente color después de verde, aunque más largo, bastante parecido en dificultad).

Antes, eso sí, había que bajar por una naranja (sí, más difícil aún), para llegar a la azul (todas estas dificultades extra me hacen pensar que tal vez haya allí una buena razón para explicar por qué los austríacos tienen tan buenos esquiadores, tantos campeones olímpicos en esa disciplina). Jon me explicó que era bueno marcar los giros tocando con la punta de la vara la nieve, y alguna cosa más. Hicimos la pista un par de veces, yo con algunas caídas. Después, Jon, Eric y Richard se fueron a hacer pistas más difíciles y yo me quedé repitiendo la azul, metódico.

Logré una completa sin caer ni una vez, las demás pasadas siempre algún golpecito me dí. Después nos juntamos a almorzar. No me sentía muy bien. Más tarde, al bajar de nuevo, entendí que era mal de altura.

Al terminar de comer nos tocaba bajar del todo para llegar al coche. Esquiando. Por una pista roja (sí, más difícil). Y había niebla; profunda. Y no me había puesto lentes de contacto, así que no me podía poner antiparras, porque se me empañaban los anteojos.

Eric, santo, me acompañó todo el recorrido, asegurándome que era mejor que hubiera niebla, porque así no se veía cuán empinado era y uno iba más tranquilo. Algo había de verdad, pero también era cierto que tampoco se veía el dibujo de la pista ni -hay que ser claros- un carajo de nada, por lo que con un mal cálculo era fácil darse un buen porrazo. Algo que, por supuesto, hice.

Después del buen golpe al cuerpo le costaba seguir haciéndome caso a la hora de los giros (claro, pobrecito, estaba con miedo). Le dije que mandaba yo, me hizo caso, y mucho antes de lo que pensaba se acabó el suplicio y llegamos a la parte baja, al fin de la pista. La ayuda de Eric fue fundamental para que esa última pista fuera una experiencia algo sufrida y no una absoluta calamidad. Se portó 10 puntos.

En todo caso, esto del esquí está genial, pero es como la bici, hay que hacerlo y hacerlo hasta aprenderlo. Me quedé con ganas de más, a pesar de los golpes. Pero… “that is skiing”.

Volvimos al hotel, recogimos las cosas y nos fuimos para el aeropuerto, a tomar un vuelo una hora más tarde del que teníamos, porque por las nevadas todo el transporte aéreo se había vuelto un caos. Y, bueno… “that is flying”.

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Apartado técnico

Este sitio tiene muy buena información, con topos y todo, sobre escalada en hielo en la zona: http://www.climbers-paradise.com/klettern/location-details/location/eisklettern/innsbruck/

Tornillos

Benno, el guía, nos mostró un video súper interesante sobre cómo respondían diferentes tornillos de hielo a caídas en tres calidades de hielo diferentes. Más allá de la variación en los tornillos, lo impresionante es cómo pierden capacidad en el hielo más pobre y lo fuertes que son en el más sólido.

Aunque uno quisiera llevar la menor cantidad posible, la verdad es que mucho menos de 7 no da. Yo, propios, tengo cuatro. Los compré hace un tiempo, porque estaban de oferta. Son el modelo Speedy de Grivel, que trae una especie de express incorporada. Primero me parecía una buena idea. Después, en los primeros días del curso pensé que le restaba flexibilidad y que hacía algo incómodo colocarlos. Pero al final, la verdad, es que tiene su cuestión práctica. Una vez puestos, ya no hace falta ponerle una express. Aunque no tendría un set sólo de este tipo, cuatro no está mal tener.

Piquetas

Para vías del tipo de las que hicimos -relativamente cortas, de un solo largo, con formas fáciles de escape- claramente conviene llevar las piquetas sin enganchar a nada. Pero si uno estuviera haciendo vías largas de montañismo, siempre es bueno tenerlas enganchadas al arnés, porque perder una piqueta puede ser terrible.

El instructor me prestó un par de piquetas Black Diamond Viper (a él lo auspicia la marca, a mí me auspicia mi billetera). Me gustaron bastante. Eran un poco más pesadas que las Petzl Quark que tenían mis compañeros, pero eso significaba que había que hacer menos esfuerzos para clavarlas bien.

Grampones

Benno me dio unos grampones automáticos, con un perfil algo más técnicos que los míos, pero podría haber escalado en los míos. Tampoco eran tan tan técnicos los que me dio él (no tenían las puntas frontales verticales, por ejemplo), pero funcioaban bien. Sí, eran Black Diamond. Los míos son Grivel.

Ropa

El hecho de que las caminatas hasta las cascadas fueran cortas hacía que no tuviéramos que llevar gran cosa. Pero como había momentos de alta actividad, en los que teníamos calor, y otros de estarse quieto (dando seguro), en los que había que estar abrigados, una combinación de todo era fundamental.

Las botas eran B3, con una primera capa y unas medias gordas, de las buenas. Y, fundamental, cinta microporosa sobre la piel del tobillo, para evitar ampollas.

Un interior térmico para las piernas, con un pantalón tipo de gimnasia, sintético. Y cubrepantalones impermeables por encima de las polainas.

Arriba: interior térmico, buzo finito de polar y chaqueta impermeable de eVent o GoreTex. Y a la hora de dar seguro, una campera abrigada.

Cuello abrigado, gorro abrigado y, fundamental, casco.

También una especie de anteojos de protección industrial para no clavarse nada en los ojos, ni hielo ni equipo. Al final ya no lo usaba, porque se empañaban.

Guantes

De todo. Finitos para caminar, gordos para el frío, intermedios para escalar. Se mojan, se congelan, se ponen incómodos. Hay que andar cambiándolos. Creo que compraré más. La verdad, para escalar muy gordos no sirven, porque se pierde habilidad con las manos y porque si son muy gordos hay que hacer fuerza extra para poder cerrar el puño sobre las piquetas.

Comida

Agua apenas tomé. Con medio litro me hubiera alcanzado, pero creo que hubiera sido mejor llevar más. Alguna cosita dulce: barritas de cereal, gomitas, etc.; con eso me alcanzaba.

Eso sí, fundamental: termo con té. Es difícil estimar cuánto calor devuelve al cuerpo un par de sorbos de té caliente. De hecho, si sólo pudiera llevar una cosa a una escalada de este tipo sería el termo con té.