Escalada / Equipo: guantes para montañismo invernal

¡Los guantes! ¡Qué tema! Difícil, difícil. O son muy fríos, o son incómodos. O las dos cosas. O son pocos o son demasiados. En verano o primavera no importa. En otoño poco. Son para abrigar un poquito cuando refresca y listo.

El problema viene cuando se trata de viajes como los de escalada invernal en Escocia o ascensiones alpinas. Para las alpinas en verano, igual, realmente sólo preocupan los tramos que son sobre nieve y hielo, pero el resto se puede hacer sin guantes, así que es aún un poco menos problemático que en las invernales en Escocia.

Entonces, va mi experiencia con guantes para montañismo invernal en Escocia, donde la cosa se pone más seria. Ante todo aclaro: no creo que haya encontrado un sistema que me convenza del todo, pero el del viaje a Escocia en 2011 me resultó algo mejor que el de 2010, donde sobre todo lo que no me convenció fue el par de guantes para escalada que llevé. Se humedecían muy rápido y en seguida perdían capacidad de abrigo. En 2011 me fue mejor.

Esto es lo que llevaba:

– Dos pares de guantes de primera capa de Outdoor Designs que me encantan (igual creo que cualquier guante similar cumple la misma función; es más, escuché hablar de gente que usa guantes de comunión con el mismo propósito). Cuando hacemos las caminatas hacia las vías me vienen genial porque cortan el contacto de la piel con el viento y el frío directo, pero como son muy finitos no calientan tanto la mano y no se terminan empapando de transpiración. Además vienen bien para tener abajo de los guantes de escalada, porque hacen que sean más fácil de poner y sacar y agregan una capa de abrigo. En el viaje de 2010 y en el 2011 también llevé dos pares, pero la verdad es que usé solo uno. El otro lo cargué en la mochila pero nunca lo usé. Iba de repuesto por si el primero se me empapaba. Para la próxima me tocará decidir si vuelvo a llevar dos pares o no.

– Un par de guantes de escalada Montane Extreme, que tienen palmas de cuero y dorso de Pertex relleno de Primaloft. Estos no los tuve en 2010 y sí en 2011. Demostraron ser mucho mejores que los del otro año, sobre todo reteniendo el calor. No pasaba frío con los guantes y apenas juntaban humedad. En una sola ocasión se me endurecieron porque la humedad que habían acumulado se congeló un poco, algo que me pasaba todo el tiempo con los del año anterior (aunque, nobleza obliga, en 2011 hizo bastante más frío). Los guantes de Montane no me daban una gran mobilidad, pero creo que ningún guante de invierno puede prometer eso. Igual tienen unos elásticos para atarlos a las muñecas, con lo cual son fáciles de sacar sin miedo a perderlos para ponerse los crampones o acomodar un seguro.

– Un par de guantes de escalada, Extremities Guide, no invernales y no muy abrigados pero con bastante movilidad y palmas de cuero. Iban como resguardo por si los Montane me resultaban demasiado incómodos para algunas maniobras o por si se me empapaban y necesitaba guantes cómodos para escalar. No los usé. Otro par que deberé decidir si llevo o dejo en casa la próxima vez. De hecho no los metí en la mochila un par de veces.

– Un par de mitones de Buffalo, una marca británica que produce diseños simples pero probados, que ya había usado en Gales y que mantiene muy bien la capacidad térmica aún mojados. La verdad, no los usé, pero son livianos y los tenía como respaldo de emergencia. Creo que los voy a seguir llevando.

Los más experimentados escaladores que van a Escocia suelen llevar guantes de cuero de los que se usan en construcción, esos amarillos. Son baratos y dicen que para la parte de escalada dan buen resultado. Todavía nunca los probé. Será cuestión de hacerlo alguna vez.

Aclaración: cualquier comentario sobre equipos que hago en este blog es mi pura opinión personal y no están influidos más que por mi experiencia y el uso que yo les doy; a mí nadie me da nada para probar, todos los equipos los compro con mi platita (o me los regalan personas que me quieren mucho y a las que yo quiero muchísimo).

Escocia 2011: montañismo y escalada en nieve, roca y hielo – Capítulo 2

Esta es la continuación del capítulo 1 del relato del viaje a Escocia 2011.

Hacé clic acá para ver un videito del viaje.

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Algunos miembros del grupo no lejos del inicio de la vía Moonlight Gully en Ben Nevis (Foto: Stephen)

Llegamos a Fort William, en la costa oeste del norte de Escocia, el sábado (12 de febrero) por la noche. Paramos en el Calluna, un albergue excelente (acá se llaman bunkhouses y son en realidad albergues más para trekkers y montañistas que otra cosa). El lugar tiene el mejor drying room (cuarto de secado, donde se cuelgan ropa y equipos para que se curen durante la noche de la enfermedad que es plaga en Escocia: la humedad) que he visto hasta ahora. Eso sólo ya le da muchos puntos al alojamiento. Lo otro es que teníamos una especie de departamento sólo para nuestro grupo, con habitaciones y muchas áreas para repartir equipos y tirarse a leer y charlar, además de buenos baños y cocina.

Los dueños de Calluna son Alan Kimber y su mujer. Kimber es además un conocido guía e instructor de montaña de la zona, así que se lo podía consultar sobre posibles vías a ascender o el estado del tiempo. Al final, igual, no le consultamos tanto. Me tenté de ver un par de piquetas técnicas que vendía de segunda mano, pero estaban demasiado usadas –medio acabadas. Así que dejé pasar la oportunidad.

Fort William es el centro urbano desde el que se accede a Ben Nevis, la montaña más alta de las islas británicas (1344 metros; sí, las montañas no son muy altas por acá, pero eso no las hace menos excitantes o minimiza el desafío que ofrecen). Para Ben Nevis nos dirigimos, entonces, el domingo por la mañana. A la cara norte de Ben Nevis. Como contaba en el capítulo 1, uno de los compañeros eligió subir hasta el refugio CIC (Charles Inglis Clark Memorial Hut) en zapatillas y cargar las botas de montaña, para no tener que llevarlas puestas en la caminata. Acá igual me parece que fue mejor ir con botas, porque había bastante hielo y nieve.

Tras un buen rato de caminata llegamos al refugio, comimos alguno de los sandwiches que nos habíamos hecho a la mañana y nos calzamos arneses (con los seguros, cintas, etc.) y crampones, nos enfundamos en guantes de escalada (yo para las caminatas uso unos súper finitos de primera capa, baratitos, que andan muy bien; el tema guantes da para largo) y empuñamos las piquetas. Yo llevaba mi piqueta DMM Cirque y otra que me prestó un compañero (el había llevado una alpina, que fue la que me dio, y un par de piquetas técnicas) que estuvo enfermo desde el principio del viaje y apenas pudo hacer un par de salidas. Un bajón, pobre flaco. Igual el hombre se mostró muy estoico, decía: “no tengo fuerzas para amargarme, lo único que quiero es sentirme bien”.

Cuando todos estuvimos listos empezamos a subir en dirección a las vías. Divisamos un grupo haciendo vías súper cortas de escalada mixta en una pared lateral. Una chica a la que habíamos visto subir sola con casi nada de equipo se nos acercó cuando ya estábamos a la altura de ese grupo. Se había acercado para avisarles a ellos y a nosotros que las rutas de más arriba, especialmente las más fáciles (quebradas o couloirs) estaban con alto riesgo de avalancha, así que nos dijo que nos podíamos acercar, pero que no intentáramos ascenderlas. Era una guía local o, aún más probable, la refugiera de la CIC Hut. No lo sé.

Así que subimos un poco más para ver a qué se refería. Había que pasar un par de metros de mixta con nieve, barro y roca bastante interesante para subir al lomo de nieve que llevaba a la base de las vías. Digamos que ese fue el primer contacto con escalada del viaje. Bien. Después llegamos a una especie de rellano, a unos 70 metros de donde nos cruzamos con la chica. Allí dejamos las mochilas -yo dejé una de las piquetas también- y nos acercamos a la base misma de las rutas. En las quebradas había mucha acumulación de nieve nueva que no había logrado consolidarse por falta de suficiente frío. De hecho mientras nos acercábamos pasamos por una aglomeración de nieve despareja y despelotada: el resultado de una pequeña avalancha que había ocurrido tal vez más temprano ese día o el día anterior.

Con uno de los compañeros vimos que había una vía más vertical y en la que la nieve estaba mejor, justo entre las dos vías fáciles y más amplias donde la cosa estaba más fea. Nos acercamos a verla. Nos gustó. Pero ninguno de los dos teníamos la segunda piqueta y con una no parecía factible subir. Caminamos un poco en travesía a mirar otra de las vías y cuando nos giramos vimos que otro compañero -el de las zapatillas- se había mandado a subir en solitario la ruta que nos había gustado. Nos picó el bichito, nos miramos y nos dimos cuenta de que pensábamos los mismo.

Bajamos corriendo a dónde habíamos dejado las mochilas, agarramos las segundas piquetas y volvimos a subir rápido hasta la vía. El otro chico ya había bajado y dijo que estaba buena. Así que primero me monté yo, atrás el otro que bajó corriendo y luego un tercero que también se había tentado. Todos en solitario, guardando una distancia prudencial. Estaba linda la vía, tenía nieve buena y un tramo de unos 3 o 4 metros de hielo, además de un paso mixto al principio.

Igual, no la hicimos entera, diría que habremos hecho los primeros 40 o 50 metros, hasta el comienzo de una chimenea angosta que se veía súper tentadora. Pero decidimos dejarlo ahí, donde había parado también el compañero que había subido primero, porque no sabíamos cómo seguía, cómo podríamos descender si  la terminábamos (creo que se bajaba por los couloirs que estaban con nieve mala) y el resto del grupo estaba esperando abajo.

Así que decidimos destreparla. Igual que en la roca, destrepar en el hielo (y un poco en la nieve) es más difícil que subir, pero llegamos todos bien a la base de la vía y tras unirnos con el resto del grupo bajamos al refugio CIC, de allí a los coches y luego al Calluna a comer una rica cena, ducharnos e ir a dormir. No sabíamos qué vía era la que habíamos subido, pero después investigamos y vimos que era Moonlight Gully (grado II, aunque no sé cuál sería la dificultad del primer tramo que hicimos).

En el capítulo 3 cuento la mini épica personal (o cómo ponerse nervioso con una boludez y después sentirse un salame) del segundo día en Ben Nevis.

Si quieren, mientras tanto, pueden ver más fotos del viaje, sacadas por Stephen, quien tomó la foto que ilustra esta entrada.

Escalada / Equipo: mi bolsa de dormir Lamina 35 de Mountain Hardwear

Hace unos años decidí renovar mi bolsa de dormir, después de pasarle mi vieja Marmot a Bocho, mi compañero de cordada y amigazo en Argentina. La Marmot estaba bien, era calentita, pero demasiado pesada. Quería algo más liviano y versátil.

Como no sufro tanto el frío pensé que podía conformarme con una bolsa que ofreciera cero grados como su zona de confort y que podría meter en una bolsa de bivac para aumentar su capacidad de retener calor, además de meterme con ropa si el frío se ponía bravo (yo tengo una bolsa de bivac de Rab que anda bastante bien, no ocupa mucho espacio y fue bastante barata).

No quería una bolsa de duvé porque no quería preocuparme demasiado del cuidado, algo que ese relleno demanda del usuario. Por el Reino Unido lo que abunda es la lluvia y mantenerse seco es una tarea bastante difícil, así que una bolsa sintética siempre me iba a garantizar un margen de seguridad, aunque gramo por gramo fuera menos abrigada (el duvé pierde su capacidad de abrigo cuando se moja, los materiales sintéticos conservan bastante).

Después de investigar bastante online y recorrer negocios de montaña por unos días tomé la decisión. La verdad es que ayudó el hecho de que al tocarla la Lamina 35 de Mountain Hardwear se siente súper suave, como una de duvé. No sé cómo lo hacen, pero es súper cómoda y acogedora (sí, ya sé, me estoy poniendo demasiado mimoso con la bolsa). Y cuando se mete en la bolsa compresora realmente ocupa muy poco lugar.

Valía algo más que otras bolsas equivalentes de material sintético, pero mucho menos que las de duvé. Pero vale lo que cuesta, así que la compra se justificó.

Como cuento en el capítulo 1 del viaje a Escocia de 2011, "me ha servido bien en bivac, en carpa y en el sillón de casa cuando hizo mucho frío".

La usé varias veces en el Reino Unido, sobre todo en la costa de Dorset y el Peak District. Y ojo, que en el Peak District cuando hace frío hace frío. También la usé en Fontainebleau y los Alpes. Y puertas adentro, en albergues en Escocia y en mi casa, alguna vez que la calefacción todavía estaba apagada y la temperatura bajó de cero. Nunca pasé frío. En los Alpes, cierto, la usé con bolsa de bivac y más bien vestido, pero anduvo bien.

Así que súper conforme con la bolsa, muy recomendable.

Aclaración: cualquier comentario sobre equipos que hago en este blog es mi pura opinión personal y no están influidos más que por mi experiencia y el uso que yo les doy; a mí nadie me da nada para probar, todos los equipos los compro con mi platita (o me los regalan personas que me quieren mucho y a las que yo quiero muchísimo).

Escocia 2011: montañismo y escalada en nieve, roca y hielo – Capítulo 1

Hacé clic acá para ver un videito del viaje.

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Ascensión a Helvellyn, Peak District (Foto: Natalio)

Cuando el año pasado regresé entusiasmadísimo del viaje a Escocia con el Brixton Climbers Club me dije que en 2011 volvería e intentaría escalar algo de Grado II o, idealmente, III. La verdad es que iba enfocado y había estado entrenando en Londres cargando entre 10 y 12kg en la mochila para ir o volver del trabajo caminando (más de 1 hora de camino) un par de veces por semana, además de salir a correr, andar bici y escalar en el rocódromo.

Igual que en 2010, este año el viaje arrancó un viernes (11 de febrero), al terminar el día de trabajo. Llegamos a Kendal en el Lake District y encontramos a tientas el alojamiento rural que teníamos reservado. Un enorme granero reconvertido, con colchones tirados en el piso sobre los que pusimos las bolsas de dormir. Estaba fresco, pero mi bolsa se portó bien, como siempre (es una Lamina 35 de Mountain Hardwear, sintética, que me ha servido bien en bivac, en carpa y en el sillón de casa cuando hizo mucho frío).

La parada en Lake District es tradicional en el viaje del club a Escocia. Permite partir el viaje y entrar en calor con alguna caminata o ascención fácil en esta hermosa región británica. Por la mañana subimos a Helvellyn, un fácil y lindo trek hacia una meseta de cima en la que en 1926 unos locos aterrizaron -y después lograron despegar un avión-. (Esa década estaba llena de aventureros sin límites: en 1924 fue la expedición al Everest de la que Mallory no regresó.)

Este es el track del GPS de nuestra caminata en Helvellyn:

Un par de los del grupo decidió que no valía la pena ponerse las botas de montaña para esa caminata. La mayoría pensamos que sí. Ellos tenían razón. Uno de ellos, para más, después volvió a repetir la estrategia cuando subimos al refugio CIC en Ben Nevis (al que no podíamos entrar, porque sólo se accede a ella con reserva previa), aunque en esa ocasión implicó que llevara las botas en la mochila. No sé si se gana tanto haciéndolo así, pero que el hombre iba cómodo, iba. Y le hizo frente estóico a grandes áreas nevadas y con hielo, aunque iba sólo con unas zapatillas.

Además de ofrecernos unas preciosas vistas, el paseo por Helvellyn nos permitió volver relativamente temprano a los coches y partir para Fort William. También me sirvió para dormir una siesta. Soy famoso por eso en el club (si no es por ser el mejor de los escaladores, al menos por algo). Me ubico en el asiento de atrás, el izquierdo, apoyo la cabeza en la ventana o alguna mochila y chau, a descansar.

En el capítulo 2, cuento sobre la primera vía invernal que enfrentamos, en Ben Nevis. También pueden ver algunas fotos que saqué en el viaje.

Y este es un avance de la película que un compañero está preparando sobre el viaje:

It’s not about the bike – BBC News

It’s a no-brainer. Cycling is good for you. It keeps you fit, gets you out in the fresh air and is kind to the environment.

Cycling to work is more popular than ever, because it’s an easy way of fitting exercise into the daily routine and it doubles as transport.

According to the government, “regular exercise like cycling halves your chances of suffering from heart disease, and helps to prevent strokes, diabetes, and some kinds of cancer.

“Your blood pressure and resting heart rate will be lower, and you’ll feel more awake and less stressed.”

And it can save a fortune. Or can it?

Escalada: los humildes

Hay mucho y muy bueno escrito por grandes escaladores y montañistas, que se comen vías 8a o más difíciles (ya explicaré en simple la graduación de dificultades de las vías en escalada, háganme acordar) y corren arriba y abajo de los clásicos alpinos y los más duros picos de los Himalayas.

Pero también estamos, humildes, nosotros. Los que con nuestras limitaciones lo disfrutamos enormemente.

En definitiva esta actividad tiene mucho de eso, de manejarse en torno a los límites, conocerlos y saber cómo hacer para poder superarlos.

Ueli Steck tiene el listón altísimo: a él le toca tratar de hacer la pared norte del Eiger en menos de 3 horas para sentir que supera una barrera (el Eiger es una histórica montaña en los Alpes suizos, traicionera y venerada por cuaquier alpinista). A Adam Ondra no le pongas una vía deportiva de menos de 7c porque se te queda dormido de aburrimiento y se cae. A Andy Kirkpatrick lo pone en movimiento ir a sufrir en solitario un ascenso en artificial de días en El Capitan. Si no, no le alcanza. Leo Houlding, por ejemplo, se puso el límite bien bien altito también, cuando se fue con un equipo a escalar el Monte Asgard en una región perdida de Canadá.

Lo mio es más modesto. Muuucho más modesto. Pero la adrenalina me circula igual. Entonces me sirve, me alimenta y me alegra. Yo estoy bien si logro subir una vía II o III en Escocia (todavía no lo he hecho), logro completar una mini-épica alpina que tal vez apenas si involucra alguito de ecalada o si logro equipar un 6a o 6a+.

E igual creo que estas mini historias tienen derecho de ser contadas. A que somos un montón que estamos más o menos viviendo la montaña y la escalda de esta forma, ¿no?

Bueno, eso. Era para contar por qué escribo estos posts sobre montañismo y escalada, por qué me siento con derecho. Listo.

Lo que esconde el clásico Barcelona vs. Real Madrid – BBC Mundo

Messi vs. Ronaldo, Guardiola vs. Mourinho, el toque contra la verticalidad, la moderación contra la extravagancia. Todos los ingredientes para ser el partido más apetecible del mundo, pero con el temor que el paladar deportivo sea opacado por el agrio sabor del condimento económico.

Escalada: por qué no uso magnesio

“Que no se patinenen los dedos, que me aguanten, por favor. Esta toma está
algo lisa, algo chiquita, una porquería. Que nos se patinen, que no se
patinen.”

Si alguien que escala no tiene cada dos por tres esta preocupación
retumbándole en la cabeza, lo felicito. Yo creo que esto es algo que existe
desde el nacimiento de la escalada.

Y a problemas, búsqueda de soluciones. En Fontainebleau, la meca del boulder
francés, los viejos escaladores locales se untan las manos con la resina de
un árbol para mejorar la adherencia.

En una revista Climber and Rambler (publicación del British Mountaineering
Council) de los ’80 ví hace poco una publicidad de una “revolucionaria”
tintura para dedos que también mejoraría el agarre. Tal vez porque parecía
poco saludable, tal vez por estética (dejaba los dedos todos manchados) o
tal vez por costumbre no logró desplazar al hegemónico magensio, que empezó
a utilizarse en los ’50.

El magnesio ha sido la solución al problema de la adherencia por más de
medio siglo. ¿Pero hay realmente un problema?

En realidad yo creo que no. Y mientras crea que no, seguiré tratando de
escalar sin usarlo. Hay varios motivos por los cuales no me empolvo las
manos.

No uso magnesio porque…

… siempre me pareció raro

… por curiosidad decidí seguir la “regla” del club de escalada de no
usarlo

… se arruina menos la roca, se desgasta menos

… sin tocarlo en unos dos años estoy escalando posiblemente vías más duras
que nunca

… de todos modos al nivel al que escalo tampoco hace falta

… las manos no se me arruinan tanto

… implica un desafío mental al tener una “muleta” menos

… es una cosa menos para andar cargando

… en definitiva, cuanto menos cosas no imprescindibles se cargan más
grande es la sensación de libertad

No lo uso para vías con seguros móviles. No lo uso para escalada deportiva.
No lo uso en la roca ni en los muros artificiales. Tampoco lo uso para hacer
boulder.

Pero no soy ortodoxo, y si un día lo necesito lo voy a empezar a usar.

Cuando me aparezca el problema ya sabré cuál es la solución.

Escalada: nieve fina y el sonido de las aspas

El sonido de las aspas es casi inconfundible. Es difícil saber de dónde viene. Uno lo busca, impaciente. Se escucha rebotando contra las paredes de roca que rodean los valles.

Al final se hace ver, un mastodonte amarillo surcando el cielo bajito, casi en cámara lenta.

El helicóptero de rescate. Una visión espeluznante, que remueve miedos. Pero abriga esperanzas. Y buenos deseos para los pasajeros que va a levantar.

La primera vez que vi uno, bien de cerca, fue hace casi un año, en Escocia.

El fin de semana pasado, en Snowdonia, Gales, vimos dos. En realidad el mismo haciendo dos viajes.

El domingo, al final del día, después de hacer la última vía -no de escalada, esta vez- recorriendo el filo norte de Tryfan, estábamos con un compañero esperando que los otros dos, que se habían ido a caminar al lado del mar, nos vinieran a buscar en el coche.

Un poco aburridos, un poco impacientes, un poco con frío. Jugábamos al golf con un bastón de caminar al lado de la ruta, frente a un edificio que hace las veces de barcito, baño y centro de información.

Cada vehículo que entraba desde la curva nos entusiasmaba. “¡Son ellos!”.

No, no eran. Ni el otro coche, ni el siguiente. Esperar.

Seguimos con el golf. (Era claro que él había tomado clases. Yo nunca jugué. También era obvio.)

Fue entonces que escuchamos el zumbido. La primera vez estimamos por la dirección que estaba yendo a levantar a alguien en Tryfan, pero en la cara este, que tiene una serie de vías de escalada. Hace unas semanas con este mismo compañero y otros dos habíamos estado sobre esa pared, escalando Pinnacle Rib, una vía clásica de la zona.

Pinnacle Rib es fácil. Sólo tiene un tramito algo más complicado, de una roca preciosa llena de ondulaciones horizontales, que se llama Yellow Slab (placa amarilla). Y una chimenea algo tramposa al final, que se puede evitar escapándole por la derecha.

Pero el domingo había nieve por encima de los 700m (Tryfan tiene unos novecientos y piquito), una nieve finita que apenas cubría la roca y se volvía película de casi hielo apenas se la apoyaba un pie o una mano. Nosotros habíamos seguido el filo norte con muchísimo cuidado, para no patinar. Pero igual no fue más que una caminata con alguna que otra trepada muy simplona. Y si hubo algún patinazo fue de esos que hieren el orgullo, nada más.

Así que es posible que en la cara este alguien se haya dado un golpe. El deseo siempre es que sea poco y nada. Que sea un golpecito tonto, un tobillo roto o algo así. Una de las angustias es que uno nunca sabe. Es un misterio. El helicóptero se pierde por atrás de una cresta, entre las nubes, hace algo que uno no sabe bien qué es, y vuelve a aparecer para perderse del otro lado.

Pero el que sí sabía era mi compañero. Él había tenido hacía varios años una de esas caídas tontas. Un patinazo al mismísimo inicio de una vía. Herida de vergüenza, pero también del coxis. Fue en Francia. Me contó la historia y con ella develó el misterio de lo que hace el helicóptero después de perderse entre las nubes al otro lado de la montaña.

“Primero bajan un paramédico en un cable, que te hace las primeras evaluaciones y se fija que estés en condiciones de ser trasladado” (“¿Y si no estás en condiciones?”, pensé. No me animé a preguntar.)

“El helicóptero se va, se escapa del área en la que está más expuesto y mientras tanto el tipo te prepara para el traslado. Después el helicóptero vuelve y enganchan la camilla a la que te ataron al cable del malacate. Y levanta vuelo. A mí me levantó por arriba de la cima, colgado del cable, y me hizo dar un giro de montaña rusa. Después me bajaron al lado del camino.”

“Me iban a hacer ir en ambulancia al hospital, pero como les quedaba de paso decidieron llevarme ellos.”

Así se ahorró casi dos horas de viaje. Menos mal. Igual, por el dolor no había problema porque el rescate involucra el uso de morfina. Así que el hombre iba más bien drogado.

Me sentó bien que me contara esta historia. Le estaba agradeciendo internamente las palabras de la experiencia que conjuran arcanos, cuando el helicóptero volvió a aparecer.

En esta ocasión nos pareció que la dirección era otra. Se dirigía, estimamos -estimó mi compañero en verdad, porque yo estaba medio perdido en la geografía galesa- hacia Snowdon.

Snowdon es la cumbre más alta de Gales (1085m). El día anterior la habíamos alcanzado, el grupo completo, siguiendo un filo bien expuesto por una vía que se llama Crib Goch. Por suerte todavía no había caído nieve.

A poco de desaparecer el helicóptero apareció nuestro vehículo de rescate. Un Ford gris-plateado. Ya era hora. En realidad, era una hora más tarde de lo que habíamos quedado.

Nada grave. Son cosas que pasan. Por suerte llegamos a comunicarnos con los compañeros del coche para aclararnos los reajustes del encuentro. Es que los celulares andan mal y poco en esa zona de montaña.

Conversamos del día con los otros dos. Nos narramos las travesías. Y justo cuando les contábamos del helicóptero se lo vio aparecer de regreso de Snowdon.

Y pensé -como pienso siempre- qué suerte que tenemos hoy en día.

¿Qué hacían los montañistas en el pasado si tenían un accidente, si se rompían un tobillo? Con suerte estaban en una ubicación accesible y alguien daba aviso para que se armara una partida fuerte de rescate y se fuera a sacarlos de allí. Con suerte.

Y pensé -como pienso siempre, admirado- en la fortaleza física y mental de aquellos pioneros heróicos.

Y agradecí que hoy existan esas bestias amarillas que te pueden sacar drogado, colgando de un cable y transformar una épica heróica pero final en un poco de vergüenza y un crédito relativamente barato para seguir viviendo la montaña.