Lundy o la irresistible seducción de una Belleza Americana

La espectacular Flying Buttress (Foto: Paul)Una meseta verde, casi plana, se levanta unos 100 metros por sobre la boca del Canal de Bristol, esa lengua de mar que separa Inglaterra -al sur- de Gales -al norte-. Es la isla de Lundy.

Sobre sus praderas, que se extienden por algo menos de 5km de norte a sur y apenas 800 metros de este a oeste, pastan ovejas, cabras y caballos. Hay un faro y un solo camino de tierra, extremadamente angosto, que cruza el largo de su territorio y se puede hacer a pie o en 4×4.

La meseta de Lundy (Foto: Khalid)

Además de una granja hay un pub (Marisco Tavern, “votado mejor pub de Lundy cada año desde 1868”), una zona de acampada, una tienda de alimentos y tres o cuatro edificios (tal vez hay alguno más o alguno menos) que se pueden alquilar para dormir.

También tiene un puerto o -mejor dicho- un muelle donde atraca el MS Oldenburg, un ferry alemán de 1958, que desde los 80 une Lundy con Ilfracombe y Bideford, en la isla grande de Reino Unido.

MS Oldenburg antes de zarpar hacia Lundy

Seis focas y ningún puffin

Para los amantes de las aves, la isla ofrece la posibilidad de avistar diferentes especies, especialmente los simpáticos frailecillos (puffins), aunque nosotros no vimos ninguno; parece que en esos días no andaban por allí.

En cualquier caso, nuestro objetivo era otro: las espectaculares paredes de perfecto granito que se encuentran en la orilla occidental de Lundy.

Los acantilados de Lundy (Foto: Paul)

Hay cientos de vías (algunas pocas en el este, aunque no las conocí), de todos los niveles; siempre de escalada tradicional: no hay chapas, parabolts ni nada por el estilo.

Fuimos con los amigos del Brixton Climbers Club (10 de nosotros, cinco cordadas que fueron cambiando de día a día) del martes 9 de septiembre de 2014 hasta la mañana a sábado por la tarde y escalamos todos los días, porque tuvimos la enorme suerte de que el tiempo se mantuviera soleado, templado, casi sin viento y con un mar muy calmado (algo que ayuda, porque la mayoría de las vías comienzan en la base misma de los acantilados).

Mientras escalábamos nos miraban desde el agua grupos de hasta 6 focas, que chapoteaban, bufaban o se ponían boca arriba, nadando plácidamente. Ellas parecían más sorprendidas de vernos a nosotros colgados de las paredes que nosotros por ellas.

La llegada a Lundy

La primera vez

El primer día escalé con James H. Hicimos tres vías en la increíble Flying Buttress, una especie de arco de roca que forma un puente sobre el mar (Double Diamond, Diamond Solitaire y Horseman’s Route). Un espectacular primer contacto con el granito de Lundy.

Horseman's Route

El miércoles mi compañero fue Khalid. El miércoles fue también el día en que la ví por primera vez. Fue luego de escalar en Devil’s Silde (hicimos la ruta homónima), una perfecta placa de unos 50 o 60 metros de largo.

Decía que fue la vez que la ví por primera vez. Rapelábamos en el Grand Falls Zawn (un zawn es una angosta entrada de mar), para alcanzar la vía que Khalid quería hacer, A Separate Reality. Era un rappel de 100 metros. A los 30 o 40 me crucé con Chris B, que iba de primero en una impecable línea, una pared perfecta.

Subiendo la Devil's Slide (Foto: Khalid)

La ví y quedé encantado. Esa Belleza Americana (American Beauty, HVS 5a, probablemente la vía más hermosa de Lundy – al menos de las que conocí). Tres largos: primero, una placa impecable; luego una serie de fisuras elegantes y un pequeño techo que salvar; finalmente una chimenea desafiante.

Pero el que subía por ella era Chris, y él es un escalador mucho más fuerte que yo. HVS es fácil para él (en este viaje estuvo haciendo algunos E2), y hoy en día mi límite superior para ir de primero.

En el centro, Belleza Americana (Foto: Paul)

Una realidad aparte

Así que aunque esa Belleza Americana me había seducido, volví a concentrarme en el rappel y en la vía que Khalid había elegido.

Me encontré con él al final de la cuerda, sobre una repisa a unos 5 metros del lecho del mar, libre de agua tras haber bajado la marea. Desde allí, Khalid insistió en estirar la cuerda un poco más y después descender a mano.

La repisa donde comienza Belleza Americana (Foto: Khalid)

Cruzamos el lecho y nos paramos frente al primer largo de A Separate Reality (E1 5a). Como el mar había quitado de su lugar una gran roca, para poder alcanzar la primera toma del primer largo, tuve que pararme sobre los hombros de Khalid (pobre hombre).

Hice el primer y segundo largos. Creo que en ambos casos me desvíe de la ruta (sobre todo en el segundo, que debía ser un 5a, pero se sintió mucho más fácil).

Khalid hizo el último largo de primero. Espectacular. El paso más difícil es justo al final, cuando se sale en extraplomo de lo que es el vértice de una especie de enorme rombo en bajorrelieve sobre la roca.

Él lo hizo impecable. Yo no entendí bien la secuencia y me quedé sin fuerzas para reordenarme sin descansar. Tuve que sentarme unos segundos en la cuerda, y en el siguiente intento me salió.

El granito perfecto de Lundy (Foto: Paul)

El paso -supuestamente- era 5a, igual que alguno del segundo largo de Belleza Americana (las dudas empezaban a acentuarse).

Le mencioné a Khalid esa vía. Me dijo que no era tan difícil, que era preciosa. Él ya la había conquistado, Chris acababa de hacerlo también. Pero ambos son mejores escaladores que yo. ¿Podría yo seguir sus pasos?

Subir, bajar, subir, bajar. Subir.

El jueves escalé con Paul M. Del grupo, el más novato, pero bastante fuerte escalando. Pasamos el día en una zona de fácil acceso y vías cortas, de un solo largo, que se llama Beaufort Buttress.

Instalamos un rappel en la parte alta del acantilado y subíamos, tirábamos las cuerdas y volvíamos a subir.

Hicimos cinco vías, entre S y VS. Me sentía fuerte y sentía que Paul estaba en buenas condiciones, además de que se lo veía súper entusiasmado.

A la tarde, al reunirnos con el resto del grupo, Ali y Jon nos contaron que habían hecho Belleza Americana. ¡Ah! Sí, son un poco más fuertes que yo, pensé, pero no son Chris.

Los bombardeé a preguntas, y finalmente me empecé a convencer de que tal vez sí estaba a mi alcance.

Faltaba convencer a Paul…

Aun me quedaba alguna duda, pero finalmente supe que el viernes también intentarían American Beauty Stephen y Richard B. Richard B es el padre de Chris B, y es también fuerte como un toro. Le prometió a Stephen hacer el largo difícil de la vía.

Les pregunté si podíamos ir detrás de ellos, de modo que si teníamos algún problema, nos pudieran dar alguna mano. Dijeron que sí.

Ahora faltaba convencer a Paul. ¿Y si decía que no, que no se atrevía todavía con esa dificultad? (cierto que yo haría el largo más difícil, con las angostas fisuras y el extraplomo, pero los suyos no eran tanto más fáciles).

No había nada que temer. Menos de un segundo pasó entre mi pregunta y el rotundo sí de Paul. ¡Qué bien!

Me dormí pensando en la Belleza Americana, casi seguro que soñé con ella, me desperté pensando en ella. Miraba y volvía a mirar en la guía la descripción de los largos, el topo, las fotos.

Todo se puede escalar (Foto: Khalid)

¡Ella dijo que sí!

Lo maravilloso fue que, al enfrentarnos con la via, todo fue serenidad. Paul escaló muy bien, y cuando a mí me tocó mi largo, fue puro disfrute. En ningún momento sufrí, todo fluyó.

Sentí que la Belleza Americana me aceptó, me dijo que sí, me dejó trepar su pared, que me invitó a hacerlo, dispuesta. Fue extremadamente placentero. Hay una palabra en inglés que lo describe bien: exhilarating.

Completamos la vía sin incidentes, y terminamos súper contentos. Tanto, que nos quedó fuerza para una más: Albion, en Devil’s Slide. Una vía VS 4c, con un largo extraño, con posiciones rebuscadas, que me tocó a mí.

Otra vez me acompañó la serenidad que traía de Belleza Americana, y algunos pasos que podrían haber sido un sufrir se volvieron un gozo.

Fue un día memorable, también para Paul.

La pirámide invisible

¿Dónde está la pirámide? (Foto: Khalid)

Pero todavía nos quedaba uno más, o medio. El sábado partiríamos de regreso, otra vez embarcados en el MS Oldenburg.

Eso sería por la tarde, así que por la mañana nos fuimos hacia otra área de fácil acceso, cercana a Beaufort Buttress, Picnic Bay Cliff, detrás de un punto llamado la Pirámide (porque parece que desde algún lugar se parece a ese tipo de construcción, pero ciertamente no desde donde íbamos nosotros).

Hicimos tres vías de un solo largo; la última ya me costó un poco -tantos días de escalada consistente y constante empezaban a pesar-, pero la completé sin incidentes.

Fueron lindas vías, pero debo confesar que mientras las subía, seguía saboreando el ascenso a la Belleza Americana.

El MS Oldenburg llegando al muelle de Lundy el sábado (Foto: Khalid)

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