“Esto es la escalada en hielo” – Cuatro días en las cascadas congeladas del Tirol de Austria

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“This is ice climbing” (”esto es la escalada en hielo”). Esa es la frase que repetía, con sistematicidad germana y la intención de contagiar una resignación jocosa, nuestro guía e instructor, Benno, ante contingencias y quejas de dolor o frustración, de las que hubo más de una en los cuatro días que pasamos con él.

Fue durante el curso de escalada en hielo que tomamos cinco miembros del Brixton Climbers Club en el Tirol austríaco (Stephen, Jon, Eric, Richard y yo). Volamos el 16 de enero a Munich, tomamos un coche alquilado y comenzamos el viaje hacia Austria.

En el camino nos detuvimos en Tegernsee, junto al lago del mismo nombre, para almorzar en el enorme Herzogliches Bräustüberl Tegernsee (Salón de Cerveza Ducal de Tegernsee). En los platos apenas cabían las enormes porciones de panceta al horno y una suerte de gigante albóndiga de pan (Semmelknödel). Ah, y las cervezas. Muy ricas las cervezas.

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Terminamos tan llenos que no llegamos a los postres, y nos quedamos con las ganas de Apfelstrudel (strudel de manzana). Seguimos camino hacia el sur, hacia el hotel Grieserhof en Gries Im Sellrain, donde nos encontraríamos a la mañana siguiente con Benno.

Gries Im Sellrain es un lugar precioso y puerta a múltiples opciones de escalada y otras actividades invernales, como esquí de travesía, esquí de pista, fuera de pista, etc. Como era día de semana el hotel estaba a media máquina y la cena no se comparó ni por asomo con el almuerzo. Igual, fue abundante.

El resto, perfecto. Los dueños, holandeses, bastante serios, pero amables. Buenas camas, buena ducha, y una habitación en el sótano para secar botas, equipo y ropas (siempre necesaria en estos viajes invernales).

Primer día de escalada

El jueves, después de desayunar nos juntamos con Benno y -sin muchas vueltas- nos fuimos para la primera cascada, Gasthausfall (Cascada La Posada). Todos en el grupo habíamos ya escalado en vías invernales y en hielo. Pero ahora íbamos a aprender a hacerlo “bien”, utilizando las técnicas correctas.

VIDEO: Winter Climbing Lake District and Scotland 2012 – Brixton Climbers Club

Escocia 2011: montañismo y escalada en nieve, roca y hielo

Benno escaló una vía y preparó unas líneas de top-rope y nos mandó directo a escalar. Buena idea, porque en definitiva se aprende haciendo. El primer día consistió básicamente en eso. Escalar, escalar, escalar. Eso sí, en top-rope. Las vías iban de grado WI3 a WI4, más o menos.

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Hacía bastante frío, pero mientras escalaba, lejos estaba de sentir nada menos que calor abrasador. Y un tremendo dolor en las pantorrillas, que parecían una roca.

“This is ice climbing” , dijo Benno cuando lo comenté en voz alta y algunos de mis compañeros asintieron. “Y mantengan esos talones hacia abajo”, insistía, “duele pero hace que los pies estén más estables”.

Más estables. Bien, eso es bueno, importante. Dolor. Uh, eso no es tan bueno. Pero es parte del asunto. Hay que tomarle cariño al dolor. Como dicen, el dolor es tu amigo. O sea, es bueno.

Ese día también aprendimos cómo poner tornillos como seguros y cómo evaluar la calidad del hielo donde los colocamos.

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Escalamos sin parar hasta antes del anochecer, cerca de las 5 de la tarde. No se paró para almorzar, cada uno iba picando lo que tenía, en alguna pausa. Yo no necesito comer mucho mientras estoy escalando, así que con alguna barrita de cereales ya estaba bien.

Lo mismo se repitió en los días que siguieron, aunque comenzando a escalar más temprano. Desayuno a las 7.30, salida a las 8.30, escalada a las 9 hasta las 5. ¡Cómo un trabajo!

La cena del jueves por la noche fue mejor que la del miércoles, e iría progresando día a día, hasta culminar en unas fantásticas costillas al horno el domingo por la noche. Pero no nos adelantemos.

Segundo día de escalada

El viernes repetimos cascada, Gasthausfall.

Otra vez Benno armó vías y practicamos en top-rope. A la hora de colocar las piquetas, muchas veces toca limpiar la superficie del hielo malo, o clavarlas varias veces hasta que queden firmes. En ocasiones, caen pedazos de hielo. Algunos grandes como pelotas de fútbol.

Cuando una de esas “pelotas” congeladas estalla entre dos que estábamos en la base de las vías, Benno dice, inmutable, “This is ice climbing”.

Hay que estar muy atento, siempre con casco, mirando para arriba quien dá seguro y avisando de posibles caídas quien escala. Y acordarse que uno tiene casco y que no tiene sentido taparse la cabeza con los brazos, que van a salir lastimados si el hielo los golpea. Mejor que den contra el casco.

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Ese día también aprendimos a armar relevos en hielo, con dos tornillos. A pesar de lo que pensábamos, la técnica no es de ecualizar en vértice, como en escalada en roca, sino que se ponen dos tornillos a algo más de medio metro de distancia vertical -ligeramente fuera de línea- y se unen con una eslinga, a la que se le hace un nudo peculiar al colocarla con un mosquetón en el tornillo de abajo (el que se usa para dar seguro).

Además, no hay tensión en la eslinga, de hecho tiene que quedar algo floja, para que si el tornillo de abajo falla (el que efectivamente sostiene el relevo) recién ahí entre en acción el de arriba, pero sin haber estado cargado. Y al no haber tensión en el tornillo de arriba, se evita que se mueva.

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Benno también se concentró en transmitirnos elementos de técnicas de escalada: piquetas en línea vertical, cuerpo en forma de Torre Eiffel para el equilibrio, siempre seguir con los pies la posición vertical de las piquetas, adoptar una postura cómoda antes de colocar tornillos. ¡Y los talones hacia abajo!

Tercer día de escalada

Esta vez fuimos caminando desde el hotel a otra cascada, Sautrog. La de los días anteriores era mala opción en sábado, porque estaría abarrotada de visitantes de fin de semana.

¡Día de primerear! Richard tomó la iniciativa y fue de primero en una vía corta, luego de que hiciéramos algunas vías en top-rope. Después lo seguimos todos los demás.

Como siempre, al ir de primero sentí que escalaba mejor, más enfocado, con más precisión. Lo disfruté más. Dá una profunda sensación de control, paradógicamente.

No colocábamos todos los tornillos nosotros, algunos los había dejado puestos Benno. Lo mismo sucedería al día siguiente, aunque las vías serían más largas.

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La baja temperatura hace que las cuerdas, las cintas, todo el equipo se congele y se haga más difícil de manipular que en un clima más templado. El frío también se hace sentir en los pies, sobre todo cuando uno está dando seguro y en las manos si se mojan los guantes (de los que siempre hay que llevar varios pares).

Dá la sensación de que además del dolor, el frío también es tu amigo, pienso.

Y Benno recita el mantra: “This is ice climbing”.

Cuarto día de escalada

El domingo fue el último día de curso. Benno esperó hasta último momento para elegir el lugar, porque en algunas de las cascadas había riesgo de avalancha. Finalmente fuimos hacia Ötztal, otra zona, a una media hora en coche hacia el oeste. De camino pasamos por el centro de esquí de Kühtai, lo que hizo que el grupo tomara una decisión tajante sobre la actividad a realizar el lunes antes de ir hacia el aeropuerto. (¿Ya dije que yo sólo esquié una vez en mi vida?)

El día fue genial. Todos primereamos dos vías WI3-WI3+ en la cascada Ghostbusters, de unos 30 metros. Sentí aún más placer haciéndolo que el día anterior. La primera vía, más fácil, la hice temprano en la mañana. La segunda, al final del día. Se vé que fue decantando el conocimiento y la seguridad en lo aprendido, porque esta me resultó más fácil, más relajada.

Además de eso, hicimos en top-rope una vía más corta pero bien delicada, con hielo en columnas, con mucho aire, y vertical. El juego era escalar esa cascadita sin destrozar el hielo, que era bastante frágil.

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Y para remate, Benno primereó una vía mixta de hielo y roca (no sé cómo se llamaba ni el grado, pero debía estar entre M6 y M7), que luego todos hicimos de segundos. Muy divertido. Es genial lo bien que las piquetas y los grampones logran agarrarse en la roca. De hecho hay tomas en que las piquetas logran quedar bien firmes y en las que difícilmente podría yo sostenerme a mano pelada.

Para rematar practicamos la construcción de descuelgues con abalakovs (llevan el nombre de su creador, Vitaly Abalakov, un legendario montañista ruso).

Felices, volvimos al hotel (menos Stephen, que ese día tenía que estar en Munich para volar temprano el lunes). Pero de camino paramos en Kühtai y alquilamos esquíes, botas y bastones.

Al llegar, Eric, que es un gran esquiador y creo que en alguna época fue instructor, me enseñó algunas cuestiones básicas en una pista de esquí de travesía que hay atrás del hotel.

Después, a comer el anunciado costillar.

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Último día – esquí

Dejamos todo en el hotel, menos lo indispensable para esquiar, y nos fuimos para Kühtai. Eric me dedicó un buen rato en la zona de principiantes (pista verde, aunque él mismo dijo que era la pista verde más difícil que había visto en su vida). Me explicó cómo ir bajando de a poco, de costado, me intentó explicar cómo girar levantando un esquí, y luego el otro, pero no me salió. Me explicó cómo hacer los giros para ir frenando, etc.

Le fui agarrando la mano, sorprendentemente los giros a la izquierda me salían paralelos, a la derecha ya no tanto, pero tampoco tenía tanto control. Después vino Jon y me fui con él, más arriba, a una pista azul (el siguiente color después de verde, aunque más largo, bastante parecido en dificultad).

Antes, eso sí, había que bajar por una naranja (sí, más difícil aún), para llegar a la azul (todas estas dificultades extra me hacen pensar que tal vez haya allí una buena razón para explicar por qué los austríacos tienen tan buenos esquiadores, tantos campeones olímpicos en esa disciplina). Jon me explicó que era bueno marcar los giros tocando con la punta de la vara la nieve, y alguna cosa más. Hicimos la pista un par de veces, yo con algunas caídas. Después, Jon, Eric y Richard se fueron a hacer pistas más difíciles y yo me quedé repitiendo la azul, metódico.

Logré una completa sin caer ni una vez, las demás pasadas siempre algún golpecito me dí. Después nos juntamos a almorzar. No me sentía muy bien. Más tarde, al bajar de nuevo, entendí que era mal de altura.

Al terminar de comer nos tocaba bajar del todo para llegar al coche. Esquiando. Por una pista roja (sí, más difícil). Y había niebla; profunda. Y no me había puesto lentes de contacto, así que no me podía poner antiparras, porque se me empañaban los anteojos.

Eric, santo, me acompañó todo el recorrido, asegurándome que era mejor que hubiera niebla, porque así no se veía cuán empinado era y uno iba más tranquilo. Algo había de verdad, pero también era cierto que tampoco se veía el dibujo de la pista ni -hay que ser claros- un carajo de nada, por lo que con un mal cálculo era fácil darse un buen porrazo. Algo que, por supuesto, hice.

Después del buen golpe al cuerpo le costaba seguir haciéndome caso a la hora de los giros (claro, pobrecito, estaba con miedo). Le dije que mandaba yo, me hizo caso, y mucho antes de lo que pensaba se acabó el suplicio y llegamos a la parte baja, al fin de la pista. La ayuda de Eric fue fundamental para que esa última pista fuera una experiencia algo sufrida y no una absoluta calamidad. Se portó 10 puntos.

En todo caso, esto del esquí está genial, pero es como la bici, hay que hacerlo y hacerlo hasta aprenderlo. Me quedé con ganas de más, a pesar de los golpes. Pero… “that is skiing”.

Volvimos al hotel, recogimos las cosas y nos fuimos para el aeropuerto, a tomar un vuelo una hora más tarde del que teníamos, porque por las nevadas todo el transporte aéreo se había vuelto un caos. Y, bueno… “that is flying”.

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Apartado técnico

Este sitio tiene muy buena información, con topos y todo, sobre escalada en hielo en la zona: http://www.climbers-paradise.com/klettern/location-details/location/eisklettern/innsbruck/

Tornillos

Benno, el guía, nos mostró un video súper interesante sobre cómo respondían diferentes tornillos de hielo a caídas en tres calidades de hielo diferentes. Más allá de la variación en los tornillos, lo impresionante es cómo pierden capacidad en el hielo más pobre y lo fuertes que son en el más sólido.

Aunque uno quisiera llevar la menor cantidad posible, la verdad es que mucho menos de 7 no da. Yo, propios, tengo cuatro. Los compré hace un tiempo, porque estaban de oferta. Son el modelo Speedy de Grivel, que trae una especie de express incorporada. Primero me parecía una buena idea. Después, en los primeros días del curso pensé que le restaba flexibilidad y que hacía algo incómodo colocarlos. Pero al final, la verdad, es que tiene su cuestión práctica. Una vez puestos, ya no hace falta ponerle una express. Aunque no tendría un set sólo de este tipo, cuatro no está mal tener.

Piquetas

Para vías del tipo de las que hicimos -relativamente cortas, de un solo largo, con formas fáciles de escape- claramente conviene llevar las piquetas sin enganchar a nada. Pero si uno estuviera haciendo vías largas de montañismo, siempre es bueno tenerlas enganchadas al arnés, porque perder una piqueta puede ser terrible.

El instructor me prestó un par de piquetas Black Diamond Viper (a él lo auspicia la marca, a mí me auspicia mi billetera). Me gustaron bastante. Eran un poco más pesadas que las Petzl Quark que tenían mis compañeros, pero eso significaba que había que hacer menos esfuerzos para clavarlas bien.

Grampones

Benno me dio unos grampones automáticos, con un perfil algo más técnicos que los míos, pero podría haber escalado en los míos. Tampoco eran tan tan técnicos los que me dio él (no tenían las puntas frontales verticales, por ejemplo), pero funcioaban bien. Sí, eran Black Diamond. Los míos son Grivel.

Ropa

El hecho de que las caminatas hasta las cascadas fueran cortas hacía que no tuviéramos que llevar gran cosa. Pero como había momentos de alta actividad, en los que teníamos calor, y otros de estarse quieto (dando seguro), en los que había que estar abrigados, una combinación de todo era fundamental.

Las botas eran B3, con una primera capa y unas medias gordas, de las buenas. Y, fundamental, cinta microporosa sobre la piel del tobillo, para evitar ampollas.

Un interior térmico para las piernas, con un pantalón tipo de gimnasia, sintético. Y cubrepantalones impermeables por encima de las polainas.

Arriba: interior térmico, buzo finito de polar y chaqueta impermeable de eVent o GoreTex. Y a la hora de dar seguro, una campera abrigada.

Cuello abrigado, gorro abrigado y, fundamental, casco.

También una especie de anteojos de protección industrial para no clavarse nada en los ojos, ni hielo ni equipo. Al final ya no lo usaba, porque se empañaban.

Guantes

De todo. Finitos para caminar, gordos para el frío, intermedios para escalar. Se mojan, se congelan, se ponen incómodos. Hay que andar cambiándolos. Creo que compraré más. La verdad, para escalar muy gordos no sirven, porque se pierde habilidad con las manos y porque si son muy gordos hay que hacer fuerza extra para poder cerrar el puño sobre las piquetas.

Comida

Agua apenas tomé. Con medio litro me hubiera alcanzado, pero creo que hubiera sido mejor llevar más. Alguna cosita dulce: barritas de cereal, gomitas, etc.; con eso me alcanzaba.

Eso sí, fundamental: termo con té. Es difícil estimar cuánto calor devuelve al cuerpo un par de sorbos de té caliente. De hecho, si sólo pudiera llevar una cosa a una escalada de este tipo sería el termo con té.

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