Camino de Santiago: sexta etapa (18/08/2012)

¿Y cómo fue que llegamos hasta Llanes?

***

A eso de las 6 de la mañana el ajetreo de los peregrinos más entusiastas nos despertó. Logramos dar vueltas en la cama media hora más, pero después tocó levantarse, desayunar, armar las mochilas y partir.

Hasta ahora, esta fue la mañana en que arranqué con el cuerpo menos comprometido con la causa del caminar con unos 12 kilos sobre la espalda (la mochila habrá pesado menos de 10 al inicio, pero eso no contaba el agua ni la comida que llevaría luego). Las plantas de los pies eran lo peor, yo creo que por haber caminado los últimos cinco kilómetros del día anterior en sandalias. Evidentemente a mí no me resultan tan prácticas.

Desde Llanes pasamos por Poo y nos detuvimos a tomar un café con tortilla frente al mar, en el pueblo de Celorio.

Seguimos camino hacia Torimbia, votada alguna vez la mejor playa de España, posiblemente -entre otras cosas- por el chiringuito que sirve una comida excelente en porciones gigantes, tanto que nos alcanzó con la ensalada y las papas con crema de queso Cabrales (de sabor profundo, aún más que el Roquefort); tuvimos que pedir que nos envolvieran para llevar el inmenso sándwich de omelette de bonito que habíamos ordenado creyendo que con lo otro no sería suficiente. Lo mejor es que el chiringuito es la única infraestructura en un kilómetro a la redonda, más o menos.

***

La canción de esta etapa fue la de los mineros, que se escuchó mucho durante los últimos meses, por las protestas de los mineros asturianos a recortes a subsidios en su sector. Algunos versos:

Tengo la camisa roja
Tengo la camisa roja
De sangre de un compañero, mirá
Mirá Maruxina, mirá
Mirá cómo vengo yo

Al cantarla mientras caminaba sentía una energía especial, una fuerza, mientras escuchaba en mi mente el reverberar de los coros mineros entonando sus estrofas. Esa melodía, esa letra, tienen algo especial, mágico.

***

Guardarnos el sándwich nos vino genial, porque al seguir el camino de la costa y no necesariamente el de Santiago, terminamos desviándonos tras mucho andar bajo un sol rabioso; agotados y algo desorientados ajusticiamos el sándwich en minutos. Digo, segundos.

La recarga de energía nos permitió caminar 2.3 kilómetros hacia Nueva, donde reaparecía el Camino y, después de un sopesado análisis, decidimos continuar otros 2.1 km hasta Piñeres de Pría, a un albergue que la de la oficina de turismo en Llanes dijo que no existía, pero que vaya que sí existía y, tal como decían los comentarios en internet (donde sí existía y ponía sobre el tapete un verdadero problema ontológico, ya que ahora lo virtual era más verdadero que lo real) era precioso, y muy tranquilo.

Ya allí descubrimos que el cansancio que traía Gema no era sólo tal sino más bien un tremendo dolor de panza, descompostura que no la dejó dormir y nos puso al borde de una visita al centro de salud. Al final, fue recuperándose.

***

A continuación: un alto en el Camino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s