Camino de Santiago: el prólogo (12 de agosto de 2012)

Entre el 12 y el 22 de agosto, Gema y yo recorrimos algunas de las etapas del Camino de Santiago del Norte, que va desde Irún, en el País Vasco, hasta Santiago de Compostela, en Galicia. Nosotros cubrimos sólo parte del recorrido, en las provincias de Cantabria y Asturias. A partir de hoy, iré publicando el diario de viaje que fui compilando, día a día. Ojalá que les guste.

***

Sentados en un bus en viaje desde Madrid hasta Santander. Así comenzó la aproximación a la primera etapa del Camino de Santiago del Norte, del que Gema y yo decidimos hacer varias etapas, mas no todas. Es que no alcanzan las vacaciones, realmente.

Gema, metódica, preparó la lista de albergues y distancias, y reservó una noche en Boo de Piélagos, una de las poblaciones con mejor nombre de toda España (esperemos que su geografía y urbanismo le hagan honor). La preparación habría sido mucho más difícil de no ser por la guía del Camino de Eroski, súper recomendable para cualquiera que se lance a esta aventura.

En base a esa y otras fuentes en la web Gema diseñó su propia guía, que logró comprimir (encriptada, como verán en la foto) en una única hoja.

La principal complicación, hasta ahora, estuvo en la preparación de las mochilas. Es que hay que viajar lo más liviano posible, pero hay cosas esenciales que no se pueden dejar en casa.

Algo de ropa interior, medias, malla, remeras, toalla, jabón, cantimplora (Platypus con manguerita en mi caso), etc.

Algunas decisiones clave, que sólo el tiempo dirá si fueron buenas: dejar atrás un pantalón largo y llevar solo uno desmontable y uno corto; no llevar campera abrigada, solo un rompe vientos súper liviano, una campera de Goretex y un polar finito; no llevar bolsa de dormir y reemplazarla por un forro de seda para bolsa de dormir, una bolsa de bivac para meterlo dentro si dormimos a la intemperie y el aislante inflable corto.

La decisión más difícil fue la de la mochila. Decidí que ya no daba seguir cargando mi vieja Berghaus Arete 45, con su espalda modelo flan y sus correas corta hombros. Así que con pocos días antes de salir fui a la caza de ese imposible: una mochila que me sirviera para esta caminata de varios días, para montañismo en los Alpes y Escocia y para viajes de escalada de todo tipo.

Sí, es un imposible, pero bueno, tampoco da para gastar fortunas en 20 tipos de mochilas. Así que primero estuve mirando una ultraliviana de Lowe Alpine, de 50 litros, modelo Zepton. El modelo que encontré estaba rebajado, pero era el XL y aunque tenía una gran capacidad de carga y pesaba menos de 1200 gramos, también tenía un par de inconvenientes: se abultaba mucho abajo y hacia atrás (malo para escalar); algunas costuras parecían incapaces de resistir mucho abuso montañero; el cinturón no ajustaría bien del todo si yo bajaba la panza (esperable dado el esfuerzo por venir) porque la mochila es para cuerpos más bien voluminosos (y como la marca es de EEUU eso no es un eufemismo, no como el XL de la ropa de Zara, diseñado para ramitas de árbol); y al superar los 15 kilos de peso ya no se llevaba bien (en las aproximaciones alpinas es fácil alcanzar los 20).

Así que al final me decidí por la Pod Alpine 40, que se extiende a 50 litros y aunque pesa 300 gramos más que la otra, puede quedar en 800 gramos totales si se le quita la capucha, la parte rígida de la espalda y el cinturón.

Para el Camino no le saqué nada. Con todo, creo que ni la mía ni la de Gema pesan más de 10 kilos, probablemente menos.

Va foto de las dos juntas en esta entrada del blog, que al final me quedó muy técnica. Estoy seguro de que a medida que avancen los días habrá cosas mucho más interesantes para contar; el anecdotario no puede preceder a la experiencia, ¿no?

El bus llegó a Santander desde donde partimos en tren de trocha angosta hacia Boo.

La ciudad no la recorrimos, así que no sabría bien decir qué tal la arquitectura del lugar, pero el albergue estaba de lujo. En algún lado Gema leyó que es el mejor en 500 kilómetros a la redonda. Todavía no lo puedo confirmar, pero no le faltan méritos. Impecable, con sábanas en las camas, ducha y bañera impolutos y la muy buena onda de Piedad, la dueña.

Al día siguiente comenzaría nuestra caminata, nada de transporte que no fuera nuestro propio cuerpo por los días en que duráramos en el Camino, así que nos fuimos a dormir temprano.

***

¿Querés saber qué tal estuvo la primera etapa? Seguí leyendo.

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