Irrecuperable monocromático – un cuento

Este es un cuento que escribí para un concurso interno de relatos breves que organizamos entre los colegas del trabajo. Hace tiempo que pensaba publicarlo en el blog, pero no lo hacía. Finalmente, acá está. Espero que les guste. Tiene un título que se me hace un poco pretencioso, pero así son las cosas a veces: Irrecuperable monocromático.

Lo obligaron. Si nunca quiso. Desde que llegó nunca nunca le gustó. De hecho, lo detestaba. Para él era puro kitsch. Y punto. No una aberración. Pero una desviación. La pureza estaba perdida.

Pero lo obligaron. Y lo hizo.

El blanco y negro siempre funcionó mejor. Tuvo miedo a fines de los ‘20, cuando la pista de sonido se volvió noviecita fiel del celuloide. Pero eso no lo desplazó, más bien le amplió el campo. Con su cara de contrastes fuertes el sonido ronco y aspirado de su vocecita apagada quedaba bien. Un maridaje sutil pero efectivo entre piel y fuelle.

Lo obligaron. Y lo hizo porque necesitaba la plata, porque se la había patinado en putas. Para él, para sus amigos y para quien anduviera por ahí. Se la había patinado en vodka. Cómo le gustaba el vodka, así solito. Con hielo. Se la patinó en las fiestas. En los coches. En vivir.

Pero todavía le andaba el motorcito, aunque había que darle más manivela. Le quedaba vida. Y necesitaba con qué llenarla de caricias; de las de la garganta, con vodka; de las de la carne; todas. De fiestas. ¿Dónde estaban los amigos? Los muy hijos de puta.

El color, cuando lo sacás de la vida y lo congelás en una instantánea o le ponés la jaula del fotograma, pierde su encanto. Más honesto es monocromizarlo. Más honesto, más profundo. Dice más. Eso se le escuchó decir alguna vez. Todavía lo dice si le preguntan, ahí todo acurrucadito y desplazado.

Sí que lo obligaron. Pero él no les iba a dar el gusto. No señor.

Así que cuando lo plantaron en frente de esos espantosos cortinados verdes, rojos y amarillos, que simulaban el barrio portuario, hizo como si nada y actuó como siempre. Moviendo el fuellecito en esquema de susurro, suavizando las líneas de su rostro con las tres o cuatro frases que el tacaño guionista le quiso dar. Esta vez le tocó ser un viejo pescador. Ya tan viejo que se había quedado sin mar, condenado a verlo poquito y nada a través de sus cataratas y a oler su penetrante aroma sin poder salir a navegarlo.

El viejito pescador. Un personaje de mierda en una película peor. Y a color. Aberrante.

Actuó como siempre, igual. Sin darle problemas al director. Muy obediente. Repitiendo cada toma las veces que hiciera falta. De un lado, del otro. Con más luz, con otro fondo. Sin decir ni eh.

“Me obligaron, que se jodan”, pensó.

Terminó la jornada de rodaje. La única que le tocaba. Y se fue riendo bajito. Saboreando su irreverencia, que nadie supo ver.

Terminada la filmación el equipo se tomó una semana libre. Y un jueves, volviendo al trabajo, el director se sentó con el montajista a revisar el material. En general toda la cinta se veía bien, sin problemas de luz, con el sonido en orden, los movimientos de cámara correctos, las actuaciones aceptables o muy buenas, con suficiente variedad de planos. Todo tal como imaginaban que sería. Hasta que llegaron al material del viejo. Y enmudecieron. El muy hijo de puta salió en blanco y negro. Todo a color, como dios manda, menos él. De la bronca que les agarró, se las ingeniaron para sacar al personaje del viejo y que la historia no se desmoronara. Y ese fragmento nunca se vio en una sala de cine.

No hubo más películas para él, ya ni siquiera vinieron a obligarlo. Pero dicen que en una vieja filmoteca de San Pedro uno de esos locos que coleccionan cualquier cosa guarda la única copia que sobrevive de su última impresión en celuloide, con su fuellecito amargo y sus ángulos imposibles, soñando con subirse a una barca y volver a surcar un mar ido, irrecuperable. Monocromático.

Un pensamiento en “Irrecuperable monocromático – un cuento

  1. Me gusta. El misterio sobre de que está hablando al principio, y el misterio de cómo logró volverse monocromático al final. Un poco woodyallenesco, con su hombre fuera de foco. Muy porteño también. Como si extrañaras.Felicitaciones! Que vengan los que siguen.

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