Escocia 2011: montañismo y escalada en nieve, roca y hielo – Capítulo 2

Esta es la continuación del capítulo 1 del relato del viaje a Escocia 2011.

Hacé clic acá para ver un videito del viaje.

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Algunos miembros del grupo no lejos del inicio de la vía Moonlight Gully en Ben Nevis (Foto: Stephen)

Llegamos a Fort William, en la costa oeste del norte de Escocia, el sábado (12 de febrero) por la noche. Paramos en el Calluna, un albergue excelente (acá se llaman bunkhouses y son en realidad albergues más para trekkers y montañistas que otra cosa). El lugar tiene el mejor drying room (cuarto de secado, donde se cuelgan ropa y equipos para que se curen durante la noche de la enfermedad que es plaga en Escocia: la humedad) que he visto hasta ahora. Eso sólo ya le da muchos puntos al alojamiento. Lo otro es que teníamos una especie de departamento sólo para nuestro grupo, con habitaciones y muchas áreas para repartir equipos y tirarse a leer y charlar, además de buenos baños y cocina.

Los dueños de Calluna son Alan Kimber y su mujer. Kimber es además un conocido guía e instructor de montaña de la zona, así que se lo podía consultar sobre posibles vías a ascender o el estado del tiempo. Al final, igual, no le consultamos tanto. Me tenté de ver un par de piquetas técnicas que vendía de segunda mano, pero estaban demasiado usadas –medio acabadas. Así que dejé pasar la oportunidad.

Fort William es el centro urbano desde el que se accede a Ben Nevis, la montaña más alta de las islas británicas (1344 metros; sí, las montañas no son muy altas por acá, pero eso no las hace menos excitantes o minimiza el desafío que ofrecen). Para Ben Nevis nos dirigimos, entonces, el domingo por la mañana. A la cara norte de Ben Nevis. Como contaba en el capítulo 1, uno de los compañeros eligió subir hasta el refugio CIC (Charles Inglis Clark Memorial Hut) en zapatillas y cargar las botas de montaña, para no tener que llevarlas puestas en la caminata. Acá igual me parece que fue mejor ir con botas, porque había bastante hielo y nieve.

Tras un buen rato de caminata llegamos al refugio, comimos alguno de los sandwiches que nos habíamos hecho a la mañana y nos calzamos arneses (con los seguros, cintas, etc.) y crampones, nos enfundamos en guantes de escalada (yo para las caminatas uso unos súper finitos de primera capa, baratitos, que andan muy bien; el tema guantes da para largo) y empuñamos las piquetas. Yo llevaba mi piqueta DMM Cirque y otra que me prestó un compañero (el había llevado una alpina, que fue la que me dio, y un par de piquetas técnicas) que estuvo enfermo desde el principio del viaje y apenas pudo hacer un par de salidas. Un bajón, pobre flaco. Igual el hombre se mostró muy estoico, decía: “no tengo fuerzas para amargarme, lo único que quiero es sentirme bien”.

Cuando todos estuvimos listos empezamos a subir en dirección a las vías. Divisamos un grupo haciendo vías súper cortas de escalada mixta en una pared lateral. Una chica a la que habíamos visto subir sola con casi nada de equipo se nos acercó cuando ya estábamos a la altura de ese grupo. Se había acercado para avisarles a ellos y a nosotros que las rutas de más arriba, especialmente las más fáciles (quebradas o couloirs) estaban con alto riesgo de avalancha, así que nos dijo que nos podíamos acercar, pero que no intentáramos ascenderlas. Era una guía local o, aún más probable, la refugiera de la CIC Hut. No lo sé.

Así que subimos un poco más para ver a qué se refería. Había que pasar un par de metros de mixta con nieve, barro y roca bastante interesante para subir al lomo de nieve que llevaba a la base de las vías. Digamos que ese fue el primer contacto con escalada del viaje. Bien. Después llegamos a una especie de rellano, a unos 70 metros de donde nos cruzamos con la chica. Allí dejamos las mochilas -yo dejé una de las piquetas también- y nos acercamos a la base misma de las rutas. En las quebradas había mucha acumulación de nieve nueva que no había logrado consolidarse por falta de suficiente frío. De hecho mientras nos acercábamos pasamos por una aglomeración de nieve despareja y despelotada: el resultado de una pequeña avalancha que había ocurrido tal vez más temprano ese día o el día anterior.

Con uno de los compañeros vimos que había una vía más vertical y en la que la nieve estaba mejor, justo entre las dos vías fáciles y más amplias donde la cosa estaba más fea. Nos acercamos a verla. Nos gustó. Pero ninguno de los dos teníamos la segunda piqueta y con una no parecía factible subir. Caminamos un poco en travesía a mirar otra de las vías y cuando nos giramos vimos que otro compañero -el de las zapatillas- se había mandado a subir en solitario la ruta que nos había gustado. Nos picó el bichito, nos miramos y nos dimos cuenta de que pensábamos los mismo.

Bajamos corriendo a dónde habíamos dejado las mochilas, agarramos las segundas piquetas y volvimos a subir rápido hasta la vía. El otro chico ya había bajado y dijo que estaba buena. Así que primero me monté yo, atrás el otro que bajó corriendo y luego un tercero que también se había tentado. Todos en solitario, guardando una distancia prudencial. Estaba linda la vía, tenía nieve buena y un tramo de unos 3 o 4 metros de hielo, además de un paso mixto al principio.

Igual, no la hicimos entera, diría que habremos hecho los primeros 40 o 50 metros, hasta el comienzo de una chimenea angosta que se veía súper tentadora. Pero decidimos dejarlo ahí, donde había parado también el compañero que había subido primero, porque no sabíamos cómo seguía, cómo podríamos descender si  la terminábamos (creo que se bajaba por los couloirs que estaban con nieve mala) y el resto del grupo estaba esperando abajo.

Así que decidimos destreparla. Igual que en la roca, destrepar en el hielo (y un poco en la nieve) es más difícil que subir, pero llegamos todos bien a la base de la vía y tras unirnos con el resto del grupo bajamos al refugio CIC, de allí a los coches y luego al Calluna a comer una rica cena, ducharnos e ir a dormir. No sabíamos qué vía era la que habíamos subido, pero después investigamos y vimos que era Moonlight Gully (grado II, aunque no sé cuál sería la dificultad del primer tramo que hicimos).

En el capítulo 3 cuento la mini épica personal (o cómo ponerse nervioso con una boludez y después sentirse un salame) del segundo día en Ben Nevis.

Si quieren, mientras tanto, pueden ver más fotos del viaje, sacadas por Stephen, quien tomó la foto que ilustra esta entrada.

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