Una semana de montañismo invernal en Escocia y el Lake District

Una muestra del verdadero clima de Escocia

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Entre el viernes 19 y el sábado 27 de febrero pasé la primera semana de escalada invernal de mi vida montañera. Fue como parte de un grupo de ocho miembros del Brixton Climbers Club, de Londres. Tengo ganas de compartir esta experiencia; son muchas las cosas para contar, así que el post este será algo larguito. Los amigos, la familia y los amantes de la montaña seguramente lo leerán completo. El resto, sin compromiso por favor.

Antes de empezar, aunque ellos no van a poder entender todo este texto por estar en español, quiero decir que lo más sobresaliente del viaje fue el grupo: una pareja polaca (ella, la única mujer del grupo), un brasileño, cuatro británicos y yo, compartiendo 24 horas durante varios días, sin roces, divirtiéndonos, intercambiando conocimientos, colaborando. Fue una excelente experiencia de grupo, que voy a atesorar con mucho aprecio.

Partimos el viernes por la tardecita en dos coches, y fuimos hacia el Lake District (Distrito de los Lagos), donde hicimos noche en un hostel en Ambleside (a unos 450 km de Londres).

El sábado arrancamos tempranito, algo que se repitió a lo largo del viaje para tratar de aprovechar lo mejor posible los cortos días de invierno (el sol termina de aparecer a las 8 y se pone algo antes de las 6 de la tarde). El primer contacto con la roca, la nieve y el hielo fue en Pavey Ark, donde ascendimos la muy famosa -aquí en el Reino Unido- vía Jack’s Rake, donde se trataba más de trepar que de escalar. Es una suerte de rampa que trepa una pared de 700 metros, de derecha a izquierda, y que hasta que no se encara no se ve. De lejos la pared parece mucho más inexpugnable de lo que es.  Hicimos el ascenso sin grampones, ni piqueta, ni encordados; no era necesario. Yo igual me puse casco, por si acaso.

Ya en la cima de Pavey Ark seguimos la cresta hacia el sur, descendimos un poco en la unión con la que creo era Harrison Stickle, donde calzamos grampones y piquetas e hicimos lo que creo que deben haber sido dos cortas vías invernales de grado I sobre nieve mezclada con roca pura. Así terminó el primer día de montaña, no muy tarde, y seguimos viaje hacia Escocia, a los Cairngorms

En general el sistema de vestimenta que llevé me dio buen resultado. Acá hago un apartado para los interesados (si no les interesa este tema, pueden saltar al siguiente párrafo). Las botas Raichle 60 Degree GTX (B2), que me había comprado empezaron bien en el Lake District y en general me dieron buen resultado. Suelo tener muchos problemas con el calzado, pero esta vez, tras más de una semana de escalada no tuve ampollas (es cierto que me gasté unos pesos más en unas plantillas SuperFeet que se supone que hacen el calzado más cómodo, y parece que funcionan nomás). De base llevaba pantalones térmicos de Helly Hansen, no particularmente gruesos, y para la parte superior camisetas capilene 3 de Patagonia, que me pareció que cumplieron muy bien. Probé dos opciones: una camiseta capilene más un micropolar o una camiseta térmica de Montagne más un capilene. Los dos funcionaron bien en temperaturas que llegaron a -17°C, y en situaciones de nieve, nevisca y lluvia, y con vientos de más de 100km/h. El motivo por el que funcionaron tan bien es que encima llevaba una camperita Montane ultrafina, de menos de 80 gramos, no impermeable, pero súper respirable y con muy buenas propiedades cortaviento. Para la marcha y la escalada, en las que el cuerpo genera calor, esta combinación me permitía mantenerme a una temperatura no muy alta, evitando que transpirara de más y evaporando rápido lo que igual sudaba (el sudor es enemigo en la montaña en invierno, porque al detener la marcha puede hacer que baje la temperatura del cuerpo más de lo deseado). Al detenerme me ponía un tipo de campera de abrigo que en inglés llaman belay jacket, de AlpKit, con un tratamiento resistente al agua (no impermeable) y relleno sintético. Muy abrigada y, al ser sintética, con muy buenas propiedades de conservación de temperatura aún estando mojada. También es muy comprimible y liviana, con lo cual era fácil de cargar. Llevé un hard shell de GoreTex, y lo usé en un par de ocasiones de mucha lluvia y nieve, pero todavía no me termina de convencer, la transpiración se condensa y en general me da la sensación de que termina tan húmedo por dentro como por fuera, además es medio pesado. No sé si podría haber estado sin esa capa los días más húmedos, pero tal vez habría debido probar. Volviendo a las piernas, sobre el interior térmico iba un pantalón tipo pantalón de gimnasia de los viejos, esos azules de Adidas, que realmente me dieron buen resultado. Encima llevaba un pantalón impermeable y polainas de e-Vent, la competencia de GoreTex, tejido que creo que se comporta un poco mejor. Además, varios pares de guantes (se mojan y hay que cambiarlos), pasamontañas, abrigo para el cuello y gorro. De medias: un par muy finito que funcionaba como barrera de transpiración y encima medias bien gruesas de montaña. Algunos llevaban dos pares, pero un día lo probé y sentí que hacía que las botas me apretaran demasiado.

Sigamos con el viaje: en los Cairngorms paramos en Newtonmore, en una casita que un hostel alquila para grupos. Adentro, al llegar, hacía un frío de tiritar constante. Pero en seguida prendimos el hogar del living y las estufitas de las habitaciones. La cosa mejoró en la sala. Las estufitas eran una porquería. Por suerte el abrigo de las camas era bueno y por la noche no pasamos frío. Fueron 3 noches en la casita y le tomé cariño, a pesar de sus carencias (la ducha iba en línea con las estufitas, una porquería que parecía funcionar por goteo).

El domingo 21 el día amaneció muy frío pero soleado y sin viento. Con bajas probablilidades de avalanchas y un clima previsto como súper estable. Así había sido en el Lake District y así fue mientras estuvimos en Newtonmore. Una bendición. Tanto que un viejo montañero local con quien nos cruzamos en una ascención dijo que hace décadas que escala en la zona y puede contar con los dedos de una mano los días de semejante claridad.

Nuestra primera serie de ascenciones en los Cairngorms fue en la ona de Coire An T-Sneachda -no intenten pronunciar estos nombres en casa porque se les puede anudar la lengua, en fonética creo que sería algo así como “corr an shnikda”. Nos dividimos en dos, para escalar en el área de Aladdin’s butress and Fluted butress. Una cordada de dos, la más fuerte del grupo, se dedicó a vías más difíciles (así sucedió a lo largo del viaje). Otro grupo, cuatro de nosotros con menos experiencia, nos dedicamos a vías más sencillas. La pareja polaca no escaló en los Cairngorms porque la chica arrastraba una molestia en la rodilla y, lógicamente, no se quería exponer.

Con mi grupo escalamos Aladdin’s Couloir, una vía invernal de grado 1 y 150 metros de desnivel, mi primera invernal propiamente dicha. La hicimos en libre, porque era fácil. Todas las vías las hicimos en libre, aunque cargamos cuerda por si acaso, y en una ocasión la usamos para dar seguro a uno del grupo que no se sentía cómodo en la salida de una quebrada, que atravesaba una pequeña cornisa. En escaladas invernales hay que elegir si subir encordados o no. Si el ascenso es fácil y las posibilidades de una caída grave son bajas, es mejor subir sin cuerda, porque acelera la ascensión, disminuyendo el tiempo de exposición a los riesgos objetivos, y porque la caída de uno de los integrantes de la cordada podría implicar la caída de todos y un evento de mayor gravedad. Es una suerte de ecuación que se hace al comenzar el ascenso, y si la cuerda podría presentar más exposición, mejor dejarla en la mochila. Algo que no se recomienda para nada, en las vías relativamente cortas de Escocia al menos, es subir en cuerda corta sin seguros de por medio (técnica utilizada en ciertas situaciones en los Alpes). Si alguno de los escaladores cae, arrastrará a los demás y nada frenará la caída. Los guías de la zona llaman a la técnica la “cuerda suicida”.

Después de Aladdin’s couloir hicimos Central Gully, otro grado 1 de similar elevación pero con la salida más expuesta. A los compañeros esos últimos pasos los incomodó. A mí me fascinó, me arrancó un metejón con la nieve. Al terminar la vía caminamos hacia la cumbre del Cairngorm, el pico más alto de la zona, con 1245m. Esa ascensión marcó el final del domingo. Bajamos combinando caminata en la nieve profunda (muy cómoda para ir cuesta abajo porque amortigua pero muy ardua para los ascensos) y deslizamientos sobre la nieve más compacta, un sistema que acelera el descenso y además es súper divertido.

El lunes la mitad del grupo fue a esquiar y los otros nos fuimos a aprender algunas técnicas de montañismo invernal con un instructor. A mí siempre me da cosa esto de los instructores, pero valió la pena. Inclusive, al siguiente día ya estábamos usando algunas de las cosas aprendidas. Básicamente nos enseñó algunos elementos básicos para poder entender el riesgo de avalanchas, una serie de anclajes para dar seguro en la nieve (bucketseat belay, modified stomper) y para descensos en rappel.

Una cosa intersante que le preguntamos, otra vez un apartado técnico sólo para los interesados, es cuál es el equipo que lleva para ascensiones invernales en Escocia. Voy a poner algunos términos en inglés, porque creo que no me sé todos los términos en castellano, perdón. En el arnés o cruzado en el pecho lleva unas cintas con mosquetón (de varios largos), para armar anclajes para seguro en la nieve y para aprovechar anclajes naturales como salientes rocosas o columnas de hielo. En el arnés lleva 12 clavos (dos para el anclaje de arranque del largo, dos para el del final y 8 para la vía; aunque para la vía se podrían usar menos y colocar uno más por anclaje), un juego y medio de nuts (el medio es de los más grandes), dos o tres hexes de las grandes y no mucho más que eso. En términos de cuerdas, puede llevarse doble o simple de 60 metros. Existe la opción de llevar una cuerda de poco grosor de 60 metros y combinarla con un cordín de 7 milímetros o menos, estático, de tal vez 70 metros, para rappeles largos imprevistos, pero eso requiere una serie de técnicas medio complejas de manejo de cuerda que aún no me animo a probar.

Sigo, entonces. El martes hicimos tal vez una de las mejores rutas del viaje. Raeburn’s Gully en Creag Meagaidh -“crrig megui” o, como la rebautizó un compañero, Creag Megadeath). Es otra vía de grado 1 de 360 metros. Espectacular. Es una quebrada que estaba en condiciones impecables, cubierta por nieve fresca en polvo sobre una base de nieve sólida, en general bastante fácil pero con dos secciones algo más empinadas, una en la mitad con bastante hielo, otra en la salida. Cerca de la primera parte difícil, un compañero vio caer a un escalador de la pared derecha de la quebrada. Se asustó. Al ratito ese escalador pasó dando zancadas; había saltado del primer escalón de una vía de hielo de mucha dificultad, que venía de escalar con un compañero, que también apareció de un salto y empezó a bajar a zancada limpia mientras su amigo se comía un sandwich. Un mordiscón, una zancada. La vía que a nosotros nos estaba demandando energía para ellos era un paseíto de domingo. Después de reconstruir nuestros egos, seguimos la escalada. Esta vía también la hicimos en libre, no valía la pena encordarse, iba a hacer más tediosa la escalada. La primera mitad la encabezó un compañero, la segunda fui yo al frente, haciendo escalones y marcando un ritmo parejo. Disfrutaba cada paso, confirmando el avance con constancia y seguridad. En esos 150 o 180 metros me terminé de enamorar de la escalada invernal. Subía en éxtasis, y sentí la salida como un verdadero clímax. Creag Meagaidh está conformada por una serie de paredes que miran al norte, estas caras viven en sombra, porque el sol hace su camino de este a oeste bañando las cuestas que dan al sur. Así que cuando uno se asoma sobre el final de la pared, recibe los rayos de luz de lleno, y los vé bañando la meseta cumbrera. La meseta se abría hacia el sur, el este y el oeste uniéndose con otros picos en un blanco ondulado e intacto. Los constantes días de frío, sol y falta de viento habían ayudado a que se conformaran grandes copos sobre la nieve en polvo, gracias a la adherencia de la humedad del ambiente a la nieve que ya estaba en el suelo. Un paisaje de ensueño, un desierto de gigantes dunas blancas.

Creag Meagaidh fue nuestra parada de camino entre Newtonmore y Fort William, la última parada de nuestro recorrido. Allí pasamos las 4 noches restantes, en un hostel. Todos amuchados en una habitación para ocho personas, en la que apenas cabía el equipo.

El miércoles el tiempo empeoró. Y arrancamos tarde. Igual llegamos a juguetear un rato en una fenomenal cascada congelada en Glen Nevis. El nombre no es seguro, algunos en el grupo creen que es Steall Falls. Unos compañeros pusieron un belay arriba y justo pude probar una escalada de unos 20 metros en top rope con una pequeña sección vertical bastante interesante. Si la hubiera estando primereando me habría preocupado bastante. Pero así fue una experiencia interesante para mi primera escalada en puro hielo. Aunque el tiempo estaba horrible, fue una suerte encontrar la cascada congelada. Según los locales hacía como seis años que este fenómeno no se daba.

Al día siguiente, en medio de un tiempo casi igual de malo, volvimos a la cascada e hicimos algunas escaladas en dos vías de top rope. En el camino hacia allí vimos volar bajo a un helicóptero de recate de la Real Fuerza Aérea británica, que estaba yendo a buscar a un hombre con algún problema cardíaco, parte de un grupo que estaba haciendo una caminata de un par de días pero fue golpeado por el mal tiempo. Hay que admirar el valor del piloto de la aeronave, porque meterse por ahí en vuelo tan bajo, en un estrecho valle y con tan malas condiciones de viento y visibilidad debe ser sumamente arriesgado. Había una permanente nevisca húmeda y viento constante. Nosotros volvimos tan empapados que la ropa y el equipo no terminaron de secarse al día siguiente a pesar de dejarlos junto al fuego.

El viernes un grupo subimos una cuesta de unos 550 o 600 metros mientras otros fueron a seguir un camino a lo largo de un lago. Todos partimos de Glenfinnan; nuestro cerrito estaba detrás de un pequeño monumento, hacia la derecha (si se le daba la espalda a la pendiente). Ya por encima de los doscientos metros el viento golpeaba a unos 100 kilómetros por hora, pero más cerca de las cumbres superaba fácilmente esa velocidad. A los 450 metros un compañero y yo decidimos que ya habíamos tenido suficiente cuota de viento y empezamos a bajar (además a mí me molestaba un poco el tobillo por una torcedura del día anterior).

Los otros subieron un poco más y nos alcanzaron al rato en la bajada. Fuimos en el coche a ver el mar y después compramos unos buenos bifes para la cena de la última noche (la carne escocesa tiene buena y merecida fama).

El sábado nos levantamos relativamente temprano, y tras discutir un rato decidimos que volveríamos directamente a Londres, sin hacer parada alguna en el camino para escalar ni pasear, porque si no el viaje se haría muy largo. Fue buena la decisión, porque si no la vuelta se habría alargado mucho. Al llegar a la ciudad nos despedimos efusivamente. Fue una maravillosa experiencia deportiva, de aventura y humana. Todos ingredientes que hacen encantadora e irresistible a la montaña.

NOTA: Hay cientos de fotos, yo tengo unas pocas, pero los compañeros tienen bastantes más, y ya iré subiendo algunas a medida que me las vayan pasando. Algunas ya están acá: http://www.flickr.com/photos/72021965@N00/tags/natoescocia2009/

ACTUALIZACIÓN: En 2011 volví a ir a Escocia a escalar y traje nuevas historias.

Un pensamiento en “Una semana de montañismo invernal en Escocia y el Lake District

  1. Qué grosso pibe. Mucho de los términos no los entendí pero la sensación de grupo que contás, sobre todo ante el desafío conjunto, suena realmente envidiable. M.

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