Lundy o la irresistible seducción de una Belleza Americana

La espectacular Flying Buttress (Foto: Paul)Una meseta verde, casi plana, se levanta unos 100 metros por sobre la boca del Canal de Bristol, esa lengua de mar que separa Inglaterra -al sur- de Gales -al norte-. Es la isla de Lundy.

Sobre sus praderas, que se extienden por algo menos de 5km de norte a sur y apenas 800 metros de este a oeste, pastan ovejas, cabras y caballos. Hay un faro y un solo camino de tierra, extremadamente angosto, que cruza el largo de su territorio y se puede hacer a pie o en 4×4.

La meseta de Lundy (Foto: Khalid)

Además de una granja hay un pub (Marisco Tavern, “votado mejor pub de Lundy cada año desde 1868”), una zona de acampada, una tienda de alimentos y tres o cuatro edificios (tal vez hay alguno más o alguno menos) que se pueden alquilar para dormir.

También tiene un puerto o -mejor dicho- un muelle donde atraca el MS Oldenburg, un ferry alemán de 1958, que desde los 80 une Lundy con Ilfracombe y Bideford, en la isla grande de Reino Unido.

MS Oldenburg antes de zarpar hacia Lundy

Seis focas y ningún puffin

Para los amantes de las aves, la isla ofrece la posibilidad de avistar diferentes especies, especialmente los simpáticos frailecillos (puffins), aunque nosotros no vimos ninguno; parece que en esos días no andaban por allí.

En cualquier caso, nuestro objetivo era otro: las espectaculares paredes de perfecto granito que se encuentran en la orilla occidental de Lundy.

Los acantilados de Lundy (Foto: Paul)

Hay cientos de vías (algunas pocas en el este, aunque no las conocí), de todos los niveles; siempre de escalada tradicional: no hay chapas, parabolts ni nada por el estilo.

Fuimos con los amigos del Brixton Climbers Club (10 de nosotros, cinco cordadas que fueron cambiando de día a día) del martes 9 de septiembre de 2014 hasta la mañana a sábado por la tarde y escalamos todos los días, porque tuvimos la enorme suerte de que el tiempo se mantuviera soleado, templado, casi sin viento y con un mar muy calmado (algo que ayuda, porque la mayoría de las vías comienzan en la base misma de los acantilados).

Mientras escalábamos nos miraban desde el agua grupos de hasta 6 focas, que chapoteaban, bufaban o se ponían boca arriba, nadando plácidamente. Ellas parecían más sorprendidas de vernos a nosotros colgados de las paredes que nosotros por ellas.

La llegada a Lundy

La primera vez

El primer día escalé con James H. Hicimos tres vías en la increíble Flying Buttress, una especie de arco de roca que forma un puente sobre el mar (Double Diamond, Diamond Solitaire y Horseman’s Route). Un espectacular primer contacto con el granito de Lundy.

Horseman's Route

El miércoles mi compañero fue Khalid. El miércoles fue también el día en que la ví por primera vez. Fue luego de escalar en Devil’s Silde (hicimos la ruta homónima), una perfecta placa de unos 50 o 60 metros de largo.

Decía que fue la vez que la ví por primera vez. Rapelábamos en el Grand Falls Zawn (un zawn es una angosta entrada de mar), para alcanzar la vía que Khalid quería hacer, A Separate Reality. Era un rappel de 100 metros. A los 30 o 40 me crucé con Chris B, que iba de primero en una impecable línea, una pared perfecta.

Subiendo la Devil's Slide (Foto: Khalid)

La ví y quedé encantado. Esa Belleza Americana (American Beauty, HVS 5a, probablemente la vía más hermosa de Lundy – al menos de las que conocí). Tres largos: primero, una placa impecable; luego una serie de fisuras elegantes y un pequeño techo que salvar; finalmente una chimenea desafiante.

Pero el que subía por ella era Chris, y él es un escalador mucho más fuerte que yo. HVS es fácil para él (en este viaje estuvo haciendo algunos E2), y hoy en día mi límite superior para ir de primero.

En el centro, Belleza Americana (Foto: Paul)

Una realidad aparte

Así que aunque esa Belleza Americana me había seducido, volví a concentrarme en el rappel y en la vía que Khalid había elegido.

Me encontré con él al final de la cuerda, sobre una repisa a unos 5 metros del lecho del mar, libre de agua tras haber bajado la marea. Desde allí, Khalid insistió en estirar la cuerda un poco más y después descender a mano.

La repisa donde comienza Belleza Americana (Foto: Khalid)

Cruzamos el lecho y nos paramos frente al primer largo de A Separate Reality (E1 5a). Como el mar había quitado de su lugar una gran roca, para poder alcanzar la primera toma del primer largo, tuve que pararme sobre los hombros de Khalid (pobre hombre).

Hice el primer y segundo largos. Creo que en ambos casos me desvíe de la ruta (sobre todo en el segundo, que debía ser un 5a, pero se sintió mucho más fácil).

Khalid hizo el último largo de primero. Espectacular. El paso más difícil es justo al final, cuando se sale en extraplomo de lo que es el vértice de una especie de enorme rombo en bajorrelieve sobre la roca.

Él lo hizo impecable. Yo no entendí bien la secuencia y me quedé sin fuerzas para reordenarme sin descansar. Tuve que sentarme unos segundos en la cuerda, y en el siguiente intento me salió.

El granito perfecto de Lundy (Foto: Paul)

El paso -supuestamente- era 5a, igual que alguno del segundo largo de Belleza Americana (las dudas empezaban a acentuarse).

Le mencioné a Khalid esa vía. Me dijo que no era tan difícil, que era preciosa. Él ya la había conquistado, Chris acababa de hacerlo también. Pero ambos son mejores escaladores que yo. ¿Podría yo seguir sus pasos?

Subir, bajar, subir, bajar. Subir.

El jueves escalé con Paul M. Del grupo, el más novato, pero bastante fuerte escalando. Pasamos el día en una zona de fácil acceso y vías cortas, de un solo largo, que se llama Beaufort Buttress.

Instalamos un rappel en la parte alta del acantilado y subíamos, tirábamos las cuerdas y volvíamos a subir.

Hicimos cinco vías, entre S y VS. Me sentía fuerte y sentía que Paul estaba en buenas condiciones, además de que se lo veía súper entusiasmado.

A la tarde, al reunirnos con el resto del grupo, Ali y Jon nos contaron que habían hecho Belleza Americana. ¡Ah! Sí, son un poco más fuertes que yo, pensé, pero no son Chris.

Los bombardeé a preguntas, y finalmente me empecé a convencer de que tal vez sí estaba a mi alcance.

Faltaba convencer a Paul…

Aun me quedaba alguna duda, pero finalmente supe que el viernes también intentarían American Beauty Stephen y Richard B. Richard B es el padre de Chris B, y es también fuerte como un toro. Le prometió a Stephen hacer el largo difícil de la vía.

Les pregunté si podíamos ir detrás de ellos, de modo que si teníamos algún problema, nos pudieran dar alguna mano. Dijeron que sí.

Ahora faltaba convencer a Paul. ¿Y si decía que no, que no se atrevía todavía con esa dificultad? (cierto que yo haría el largo más difícil, con las angostas fisuras y el extraplomo, pero los suyos no eran tanto más fáciles).

No había nada que temer. Menos de un segundo pasó entre mi pregunta y el rotundo sí de Paul. ¡Qué bien!

Me dormí pensando en la Belleza Americana, casi seguro que soñé con ella, me desperté pensando en ella. Miraba y volvía a mirar en la guía la descripción de los largos, el topo, las fotos.

Todo se puede escalar (Foto: Khalid)

¡Ella dijo que sí!

Lo maravilloso fue que, al enfrentarnos con la via, todo fue serenidad. Paul escaló muy bien, y cuando a mí me tocó mi largo, fue puro disfrute. En ningún momento sufrí, todo fluyó.

Sentí que la Belleza Americana me aceptó, me dijo que sí, me dejó trepar su pared, que me invitó a hacerlo, dispuesta. Fue extremadamente placentero. Hay una palabra en inglés que lo describe bien: exhilarating.

Completamos la vía sin incidentes, y terminamos súper contentos. Tanto, que nos quedó fuerza para una más: Albion, en Devil’s Slide. Una vía VS 4c, con un largo extraño, con posiciones rebuscadas, que me tocó a mí.

Otra vez me acompañó la serenidad que traía de Belleza Americana, y algunos pasos que podrían haber sido un sufrir se volvieron un gozo.

Fue un día memorable, también para Paul.

La pirámide invisible

¿Dónde está la pirámide? (Foto: Khalid)

Pero todavía nos quedaba uno más, o medio. El sábado partiríamos de regreso, otra vez embarcados en el MS Oldenburg.

Eso sería por la tarde, así que por la mañana nos fuimos hacia otra área de fácil acceso, cercana a Beaufort Buttress, Picnic Bay Cliff, detrás de un punto llamado la Pirámide (porque parece que desde algún lugar se parece a ese tipo de construcción, pero ciertamente no desde donde íbamos nosotros).

Hicimos tres vías de un solo largo; la última ya me costó un poco -tantos días de escalada consistente y constante empezaban a pesar-, pero la completé sin incidentes.

Fueron lindas vías, pero debo confesar que mientras las subía, seguía saboreando el ascenso a la Belleza Americana.

El MS Oldenburg llegando al muelle de Lundy el sábado (Foto: Khalid)

No es cierto que “todo está en la cabeza”

Cerebro

Foto: Internet Archive Book Images

Es muy común escuchar a escaladores y montañistas, en general algunos muy experimentados, decir que a la hora de salvar dificultades “todo está en la cabeza”, que para seguir adelante sólo hace falta ejercer el dominio de la mente por sobre el cuerpo; que es todo un ejercicio de voluntad.

La verdad, eso nunca me convenció.

En primer lugar, porque cada vez me cuesta más pensar al cuerpo y a la mente como entidades independientes, uno al “servicio” del otro, en una suerte de vertical escalafón existencial.

En segundo, porque la experiencia me demostró lo contrario: si el cuerpo no da, no da. La voluntad sirve para imponer a la mente-cuerpo un esfuerzo extra, dar un poquito más, pero no infinitamente más: si no están los músculos, si no está el aprendizaje muscular, no está.

Entonces, me reconfortó escuchar a Alexey Bolotov, en el documental Pura Vida (sobre la tragedia en la que murió el español Iñaki Ochoa de Olza en la cara sur del Annapurna y la operación para intentar rescatarlo, de la que participó Bolotov y otros gigantes del alpinismo).

Bolotov, uno de los más grandes montañistas rusos, doble ganador del Piolet d’Or (o sea, uno de los más grandes montañistas del mundo), dice en un momento:

“La firmeza psicológica viene de la seguridad que tienes en tus propias fuerzas”.

“Cuando eres lo suficientemente fuerte, la psicología se estabiliza sola y todo en la cabeza se pone en su sitio”.

“Si sabes que puedes hacer algo, es porque lo haz hecho en tus entrenamientos y en las ascensiones anteriores”.

“La psicología es importante, pero sin la preparación física no sirve de nada”.

Redención, entonces, para los pequeños como uno. Y el recuerdo que el entrenamiento y la preparación no se pueden suplir con ese idealizado “poder de la mente”.

Todo está en el cuerpo, que es también la cabeza.

PS: El gran Alexey Bolotov pereció en 2013 en el Everest, cuando una cuerda se cortó mientras rapelaba y cayó 300 metros.

Mis mochilas y bolsos para ir a la montaña y escalar – comentarios y opiniones

Todas mis mochilas y bolsos para la montaña y para escalar.

Todas mis mochilas y bolsos para la montaña y para escalar.

Estas son, digamos, todas mis mochilas/ bolsos para ir a la montaña, escalar y viajar. Cada uno tiene su historia, sus usos, sus pros y sus contras. Aquí, un repaso uno por uno.

Mochila Chaltén de 70 litros

Mochila Chaltén

Mochila Chaltén

Mi primera mochila de montaña. ¡Tanto cariño! Tendrá algo menos de 20 años. Hecha en cordura extremadamente fuerte. Algo pesada también. Con dos varillas de aluminio para darle rigidez en la espalda. Y creo que una extensión de 10 litros.

La empresa que la hizo, Chaltén, había empezado hacía poco cuando la compré, trabajaban desde un departamentito, donde se basaban en modelos europeos para, ahí mismo, con máquinas de coser, y con materiales excelentes, armaban las mochilas.

Con ella viaje por dos meses por Patagonia, recorrí casi todo Chile y otras partes de Argentina (más de mochilero que de montañista, pero no faltaron incursiones de montaña). Eran épocas en que bajaba corriendo pendientes de pedregullo, y cuando patinaba, la que me frenaba era la mochila.

Es fuerte como un caballo, pero también es incómoda, al menos ahora, y relativamente pesada. Si alguna vez fue impermeable, por lo que me acuerdo, duró poco.

Hoy la mantengo para mover cosas de acá para allá, sobre todo en mudanzas. Y alguna vez viajó en un vuelo.

Sigue siendo enorme y le entra de todo.

Mochila Pod Alpine 40

Mochila Pod

Mochila Pod

La Pod debe tener un par de años conmigo. La compré específicamente con ascensiones alpinas en mente, porque con eso ya me da toda la versatilidad que quiero.

Realmente es muy cómoda de llevar; el volumen de carga es óptimo, como para no pasarse de cosas; y es muy modular: se le puede quitar la cintura, la parte superior y la barra de aluminio y placa plástica que le da rigidez. Lo único que le quité hasta ahora fue el cinturón y la parte superior, para ir súper liviano.

Es tan cómoda que la llevé 10 días en el Camino de Santiago y no me puedo quejar. A veces algunas cintas se desajustan solas y hay que volver a ajustarlas, pero no mucho más.

Es bastante impermeable. Lo que no me convence tanto es el sistema de cierre: plegando la parte superior y luego abrochando. Aunque garantiza mejor impermeabilidad cuando no se lleva la parte de arriba, es más incómoda de manipular que el tradicional cordón con tope plástico.

El interior está cubierto de blanco, lo cual se supone que mejora la visibilidad de lo que uno lleva. Puede que sirva.

La tela enrejada que hay a los costados podría ser un poco más holgada, realmente no se puede poner mucho adentro.

Ah, el color me gusta.

Mochila Berghaus Arete 45

Mochila Berghaus Arete

Mochila Berghaus Arete

La Berghaus Arete 45 es la antecesora de la Pod como mochila de escalada y alpinismo. La compré en su momento porque estaba barata. Hay versiones nuevas de la Arete, bastante mejoradas.

Pero esta no tiene espalda rígida, es incómoda de cargar y no especialmente liviana para tan pocas prestaciones. Si me esfuerzo, todavía me viene el recuerdo del dolor en los hombros, cargando equipo para escalar y bivac en los Alpes.

Es una mochila fuerte, eso sí. Y le entran más cosas que a la Pod (algo que aprendí, a la fuerza, que no es necesariamente bueno).

La sigo usando, pero más que nada para vuelos y viajes donde sé que no tendré que cargarla durante muchas horas, ni subiendo y bajando vías de escalada.

Lowe Alpine Wilderness 65

Lowe Alpine Wilderness

Lowe Alpine Wilderness

Una bestia de carga, esta Lowe Alpine. Por eso no la uso tanto. Es súper cómoda, pero los elementos que la hacen tan propia para llevar (estructura, barras internas, etc.) y sus dimensiones la hacen algo pesada.

Está súper bien construida, bien diseñada, es sólida, y tiene de todo. Sería ideal si hiciera expediciones largas, que no suelo hacer. Para alpinas de 1 a 3 días, la Pod es suficiente.

Pero la Lowe Alpine viaja conmigo, junto a la Pod, a campamentos base, cargando todo lo que necesito entres las dos mochilas.

Duffel Mountain Equipment

Duffel Mountain Equipment

Duffel Mountain Equipment

Como todo bolso duffel, este de Mountain Equipment es grande, sólido, y cómodo una vez que uno llega a destino.

Pero es pesado y súper incómodo de cargar. Por eso, a menos que todo le recorrido hasta el campamento base sea en coche, suelo optar por la Lowe Alpine.

Alpkit Gourdon 20

Alpkit Gourdon 20

Alpkit Gourdon 20

Una de las mejores mochilas que tuve en mi vida. La diseña y vende Alpkit, una casa británica que comercializa sus productos por internet. No tienen infinidad de cosas, pero las que tienen son buenas.

La compré hace varios años. En ese entonces la pagué 20 libras, una por litro, digamos.

No pesa nada, es impermeable, los bolsillos laterles son súper cómodos, el cierre por plegado aquí sí funciona bien, a diferencia de en la Pod. Y tiene unos elásticos en el frente, para meter más cosas (ropa mojada, casco de bici). Hasta tiene dónde poner la bolsa de agua para ir bebiendo.

La uso para todo: para ir de acá para allá y viajar en la bici por la ciudad, para pasear de turista, como mochila pequeña de montaña. Es ideal para escaladas donde sólo hace falta llevar un poco de agua, algo de comer y tal vez zapatillas de andar.

Desafortunadamente, la gente de Alpkit parece haberse quedado sin stock y no parece estar reponiéndola. Ojalá que lo hagan.

Ah… Y la mochilita roja que está a la izquierda en la foto general es hermana de esta. Es una Alpkit Gourdon 30. Algo más grande, con esa especie de ventana trasparente en el medio (para poder ver lo que hay adentro). Esa ventana, al final, creo que la hace poco práctica, porque en muchas ocaciones uno no prefiere que vean lo que hay dentro. Además, no tiene bolsillos laterales ni elásticos exteriores. Por eso, al poco de comprarla, encargué la Gourdon 20 y casi no la volví a suar.

Fuimos a escalar cascadas congeladas y nos encontramos con esto…

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En la guía se ve cómo está esta  cascada en el Tirol austríaco cuando el frío es el suficiente en un enero cualquiera. No en éste. Como se ve, ni agua hay en la pared, que debería haber estado cubierta de placas y columnas de hielo. ¡Y mientras tanto, en Norteamérica, se congelaron las cataratas del Niagara!

Pero ya estábamos ahí, en Achenkirch, con estadía de 5 días comprometida, y no íbamos a dejar de aprovecharla.

Así que hicimos la breve ascensión a los algo más de 2000m de Seebergspitze, por la ruta que va por la carena de la montaña. Achenkirch está a unos 900m. El paseíto nos llevó 9 horas y media.
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Lo más duro fue el final de la carena, con nieve blanda y profunda. Y lo peor el descenso, porque en todos lados la nieve no parecía ceder menos de 30 cm cada vez que la pisábamos. Agotados, decidimos que para descansar al día siguiente iríamos a…

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… Sí, esquiar. Por supuesto, una actividad relativamente relajada para los esquiadores expertos. Pero esta era la segunda vez en mi vida sobre esquíes (sin contar una a los 18 años) y los novatos sí que nos cansamos. Aunque mucho menos que el año pasado, debo reconocer. Así que vi algo de progreso, aunque no pasé todo el tiempo de pie sobre los esquíes, admito.

Gracias al “descanso” de ese día, ya estábamos con más fuerza (!?) cómo para otra ascensión.
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Así que nos calzamos las raquetas de nieve, que casi ninguno habíamos usado, e hicimos la ida y vuelta al Hochplatte, a unos 1600m, en unas 6 horas.

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Esta vez, con las raquetas, la nieve profunda fue superada con más facilidad, aunque no sin esfuerzo.

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Las vistas bien lo valieron.

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Y el descanso fue merecido.

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Al igual que la abundante comida tirolesa que nos proveyó de energía todos los días. ¡Probablemente más que la necesaria!

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PD: El Tirol es, efectivamente, una postal.

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Enlace

Desde que en diciembre de 1911 la expedición noruega encabezada por Roald Amundsen se convirtiera en la primera en alcanzar el Polo Sur, numerosos exploradores han repetido su hazaña. Lo han hecho a pie, en motos de nieve, en vehículos 4×4. Pero ninguno ha conseguido hacerlo en bicicleta… todavía. Ese es el desafío que se ha impuesto el aventurero español Juan Menéndez Granados.

Lleer la nota completa en BBC Mundo.

Dónde escalar en Londres: rocódromos en la capital británica

Acepto sugerencias, preguntas y comentarios vía Twitter: @natalio .

Londres tiene una oferta bastante amplia de lugares donde practicar escalada, pero como la ciudad es enorme, depende de donde uno viva, conviene más ir a uno u otro lado.

Para quienes recién llegan a la ciudad, esta es una lista de rocódromos que pueden visitar. Va con comentarios.

Hasta donde sé, todos prestan (menos Sobell) o alquilan equipo y tienen cursos; todos piden firmar algún tipo de exención de responsabilidades y en algunos, para dejar hacer vías de primero hacen unas preguntas tipo breve examen. Si uno está inscrito como escalador allí, en general puede llevar hasta dos principiantes y hacerse cargo de ellos. En los que tienen vías largas, para ir de primero hay que llevar cuerda propia. Todos son ridículamente calurosos cuando la temperatura se acerca a los 30 grados en Londres (donde los aires acondicionados no son moneda corriente).
Las entradas suelen estar entre 7 y 12 libras, pero todos suelen tener paquetes mensuales o de varias entradas a precios más convenientes. Suelen, también, ofrecer descuentos para miembros del British Mountaineering Council, del que vale la pena hacerse socio.
Arranco con los que conzco, e iré actualizando la lista a medida que conozca más.

(Va al mismo sitio web que The Arch, son la misma gente, que se mudó de lugar – ver más abajo)

  • A unos 5 minutos en bici de The Arch, pero algo más alejado del centro, cerca de la estación de Berdmonsey. Está dentro de lo que era una fábrica de galletas, en un complejo industrial.
  • Sólo boulder. Tiene una inmensa sala, tipo galpón, repleta de vías. Tienen series de vías, de variada dificultad, que recorren todos los muros y estructuras. Una de las paredes tiene vías de competición. No tiene zona para hacer travesías, sí tiene área para entrenar, con extraplomo de tomas numeradas, campus, anillas, barra, etc.
  • Como los dueños son los mismos que los de The Arch, se suele ver a la misma gente escalando allí.
  • Tienen café, té, cosas dulces, venden equipo.
  • Empecé a ir hace poco, está muy bien, y me queda cerca también.

Vauxwall

  • Gran ubicación: al lado de la estación de Vauxhall, debajo de unos arcos. Muy cerca de Victoria.
  • Sólo boulder. No es muy grande, ni tiene vías muy largas. Tienen series de vías, de variada dificultad, que recorren todos los muros y estructuras. Tiene una pared para travesías y tres salas. Tiene área para entrenar, con extraplomo de tomas numeradas, campus, anillas, barra, etc.
  • Buena onda.
  • La última vez que compré un bono de 10 entradas, todavía no tenían descuentos para socios del BMC, pero puede ser que lo implemente.
  • Tienen café, té, cosas dulces, venden equipo (zapatillas y poco más).
  • Empecé a ir hace poco, está muy bien, y me queda cerca.
  • En el este de la ciudad, no lejos de la estación de metro de Mile End, y al lado de un bonito canal.
  • Tiene un área con algunas vías para hacer en top rope o de primero, aunque no son muchas. Tiene una sala grande de boulder, con vías muy variadas, algunas bastante largas; otra sala de vías cortas de más dificultad, con extraplomos y techos; otra sala de entrenamiento, con extraplomo de vías numeradas, campus, etc., y una sala para principiantes. También tiene una sala con vías para travesía. Y del lado de afuera hay algunas vías para escalar al aire libre cuando el tiempo está bueno.
  • Tienen café y té, y dentro del mismo complejo hay una tienda de artículos de escalada y montañismo.
  • Volví hace poco, no voy mucho, pero es el primer lugar en el que escalé en Londres y le tengo cariño. Ahora me queda un poco a trasmano, la verdad. Vale la pena probarlo.

The Castle

  • En el norte, cerca de la estación Manor House.
  • Es un viejo castillo transformado en centro de escalada. Para algunos, el mejor lugar de Londres para hacer vías encordado de primero o top rope. También es el más caro, hasta donde sé.
  • Tiene cientos de vías largas, para hacer encordado y varias áreas de boulder.
  • Tiene un café, donde sentarse a tomar algo y comer. Dentro del complejo hay una tienda de productos de escalada, que a veces tiene buenos descuentos.
  • También hace bastante que no voy, porque me queda a trasmano, pero recomiendo ir al menos una vez para verlo.

Brixton Recreation Centre

  • Un pequeño muro en el sur de la ciudad, a la vuelta de la estación de metro de Brixton. La zona de escalada está administrada por High Sports, que tiene muros en varios lugares de la ciudad.
  • Tiene una pequeña pared de travesía y unas 20 o 25 vías para hacer en top rope. Está dentro de un centro deportivo, y no tiene mucha actividad, pero si la zona queda cómoda, puede valer la pena probarlo.
  • No tiene café ni venta de equipo.
  • Yo voy bastante seguido, pero siempre en miércoles por la tardecita, que es el día en que hay descuento porque es la noche de escalada del Brixton Climbers Club, mi club. Su base es allí, y es allí donde los conocí. A mí mi sirve para hacer repeticiones y encontrarme con amigos.

The Reach

  • Un enorme galpón, en un área industrial en el sur de Londres, de no muy fácil acceso. Ir en coche puede ser una buena opción.
  • Tiene muchísimas vías largas, para hacer encordado (de primero o top), y no es caro. Tiene también boulder y zona de entrenamiento.
  • Hace poco pusieron un self-belay (auto seguro automático) en una vía, que puede venir bien para entrenar.
  • Hay café y cosas dulces.
  • Ya fui varias veces y es uno de mis lugares favoritos en la ciudad.

Swiss Cottage

  • Cerca de la estación de metro del mismo nombre, en un centro deportivo. También de High Sports.
  • Tiene largas vías para hacer de primero o en top. La pared da a un gigantesco ventanal vidriado, que ve a la calle, con lo que uno se vuelve espectáculo para los transeúntes. Las vías no están mal.
  • Fui una o dos veces, pero como no me queda cerca, la verdad es que no voy.

Sobell Leisure Centre

  • En la zona del este, dentro de un centro deportivo.
  • Tiene una larga pared para hacer de primero, con fuerte extraplomo y otra con combinación de tomas formas esculpidas. Y una larga pared de travesía de ladrillo, como para sentirse un escalador de la década del ’20, de esos que entrenaban escalando torres de iglesia.
  • No hay mucha gente, y está como en un rincón del centro deportivo, pero no era caro la última vez que fui.
  • Fui sólo un par de veces, y como no me queda cómodo ya no fui más. Pero si te queda cerca, puede ser una buena opción.

  • Probablemente el rocódromo más céntrico de Londres, a unos 20 minutos de caminata desde Oxford Circus, también manejado por High Sports.
  • No es muy grande, pero tiene área de boulder. Y paredes de unos 13 metros de alto,  para toprope y para ir de primero (para esto hay que llevar cuerda propia, como en todos lados). No hay demasiadas líneas.
  • Fui una sola vez, pero no había mucha gente.
  • No es mi lugar favorito, pero lo céntrico lo hace práctico.

  • En Dulwich, atrás de Denmark Hill, en el sur de Londres. Cómodo para la gente que vive en esa zona.
  • No es grande, pero no está mal. Tiene un poco de boulder, una linda travesía, que recorre la pared de boulder y la de vías. Las vías deben andar por los 8 metros y hay de toprope y para primerar (como siempre, para esto ha que llevar cuerda propia). Creo que los grados son más difíciles que en otras partes.
  • Tiene aire acondicionado y si no hay grupos, la verdad es que puede estar razonablemente tranquilo.

The Arch (cerró hace un par de meses, dejo esto por nostalgia)

  • En zona céntrica, al lado de London Bridge. Está armado abajo de unos arcos de un puente del ferrocarril.
  • Sólo boulder. Tres salas de vías variadas, más una cuarta donde hay largas vías extraplomadas y travesías de varios niveles. También tienen una zona de entrenamiento, con muro extraplomado y tomas numeradas, campus, barra, etc. Tienen series de vías, de variada dificultad, que recorren todas las salas.
  • Se solía llenar mucho, pero desde que los mismos dueños abrieron The Biscuit Factory, se descomprimió un poco.
  • Tienen café, té, cosas dulces, venden equipo.
  • Voy bastante acá, a hacer boulder, porque me queda cómodo por su ubicación, no es tan caro y es un entrenamiento que rinde.
Los que todavía no visité
¿Conoces alguno que no he mencionado o tienes comentarios sobre alguno de los que sí nombre? Envíamelos, por favor.

27 de septiembre de 2014: agregué Vauxwall

10 de octubre de 2013: actualización de algunos datos; agregué West1, Jags, The Reach y Biscuit Factory.

Esta entrada fue publicada originalmente el 8 de junio de 2012.

Cairngorm John y el anónimo reparador de senderos

En las últimas semanas pasaron dos cosas que me pusieron a pensar más profundamente en esas personas que están en las montañas y que, sin que nos demos cuenta, nos ayudan a disfrutarlas y a salvar problemas cuando se presentan.La primera cosa que pasó es que leí Cairngorm John, autobiografía “profesional” de John Allen.Pongo profesional entre comillas, porque en el libro se concentra en su rol en el Cairngorm Mountain Rescue Team (Equipo de Rescate de Montaña de Cairngorm, en las Highlands de Escocia), un cuerpo cien por ciento voluntario.Allen pasó más de 30 años allí, la mayoría como líder. El libro deja a las claras cuánto hay que valorar que existan equipos como ese (voluntarios y profesionales) y cuánto más tranquilo uno puede sentirse en la montaña, sabiendo que ellos están allí.Pero también da a entender cuáles son sus limitaciones, y cuánto en definitiva es responsabilidad de cada uno.

Su lectura me volvió a dejar en claro varias cosas que, a veces, quienes amamos la montaña, olvidamos hacer o tener presentes:

  • Siempre avisar a alguien cuáles son nuestros planes antes de partir (si no a equipos como el de Allen se les hace casi imposible encontrarnos en caso de emergencia).
  • Llevar siempre el equipo necesario. En zonas como Escocia o los Alpes o Patagonia (o alta montaña en general) eso incluye abrigo suficiente, aún cuando hace calor, aunque pese. Uno no se puede confiar.
  • Hacer las actividades que permite el material que uno lleva encima y no intentar, por ejemplo, una escalada en hielo sin piquetas y grampones (aunque parezca obvio).
  • Llevar comida y agua (cuando esta no puede conseguirse en el camino).
  • Cada uno debe llevar algo de comida y su abrigo, linterna frontal, cuchillo o cortaplumas, etc. (No sirve de nada que quede todo en la mochila de una sola persona. Esa mochila puede caer o perderse, puede perderse la persona…)
  • Es fundamental saber usar bien mapa y brújula: voy a repasar todo bien. Y es ideal que cada persona tenga su propio mapa y brújula. No alcanza con uno solo por equipo.
  • No llamar a los servicios de emergencia en vano, pero no dejar de llamar cuando la situación realmente parece ameritarlo. Cada minuto cuenta.
  • Y la de siempre: si la cosa se pone fea, dar la vuelta antes de que se ponga peor.
 
Sendero hacia refugio Pelvoux

Tramo del sendero hacia el refugio Pelvoux que desapareció bajo los restos de una avalancha.

Lo segundo pasó en los Alpes. Si lo de Allen tiene que ver con cómo resolver o evitar una salida  que se volvió problemática, esto otro tiene que ver con el inicio de estas aventuras.En Les Ecrins me crucé varias veces con una cuadrilla -pequeña, de dos o tres hombres- poniendo en condiciones los senderos que van a los refugios.

Es un trabajo duro, paciente. Toman rocas del entorno para montar escalones, talan ramas, despejan hiebajos, montan bajadas de agua, todo con las mínimas herramientas, en lugares solo accesibles a pie. Si van a trabajar con alguna máquina pesada, tienen que subirla en sus espaldas: a veces son 40 o 50kg que cargan.

Seguramente yo no necesite escalones, ni tanto detallito en un sendero, pero muchas de las personas que me crucé eran mayores, gente de 70 años o más. O gente con ciertas dificultades para moverse. Y me parece justo que ellos también puedan llegar hasta la base del glaciar Blanc o al refugio Pelvoux y disfrutar de un entorno privilegiado.

Los senderos no se mantienen solos, e inviernos duros como el último pueden dejarlo en muy malas condiciones. Así que loas a aquellos que trabajan para mantenerlos abiertos y transitables.